Clint Eastwood, el cowboy de los ocho hijos con madres distintas al que despidieron por no arreglarse un diente

  • Leone solía bromear con que su actor tenía dos expresiones faciales, con sombrero y sin sombrero. Clint Eastwood creó escuela en los tipos duros

  • Con más de 60 años de carrera, en sus 90 años de vida ha tenido ocho hijos (de entre 66 y 22 años) y ha convivido con seis mujeres distintas

  • "A la gente le encanta que le cuenten historias. A mí me encanta contarlas y lo hago lo mejor que puedo. Mi padre soñaba con abrir una ferretería. Y yo soy su hijo"

En cuanto Hollywood volvió a ponerse en marcha tras el confinamiento, Clint Eastwood anunció que empezaría a rodar su 42ª película como director. En sus 90 años de vida ha tenido ocho hijos (de entre 66 y 22 años), ha convivido con seis mujeres distintas y se ha forjado una trayectoria profesional impecable. Eastwood cuenta con el respeto unánime del público gracias no solo a su talento como cineasta, sino también a su ética profesional. Y su trayectoria adquiere un mérito añadido si se tiene en cuenta que siempre ha alcanzado sus triunfos cuando, en teoría, ya se le había pasado el arroz: se convirtió en una estrella a los 35 con 'Por un puñado de dólares', en el actor mejor pagado de Hollywood a los 50 por 'La gran pelea' y en uno de los directores más aclamados del mundo a los 63 gracias a 'Sin perdón'. Y tiene sentido: el secreto del éxito de Clint Eastwood es que nunca ha tenido ninguna prisa.

Un 'Sansón' de cinco kilos

Es tan yanqui que desciende directamente de William Bradford, pasajero del Mayflower y por tanto uno de los primeros hombres blancos en poner pie en Norteamérica, y su envergadura física lleva causando sensación desde su nacimiento, cuando las enfermeras del hospital lo apodaron 'Sansón' porque pesó más de cinco kilos. Universal lo contrató como actor para utilizar su 1,90 de estatura en pequeños papeles, pero lo despidió meses después porque su nuez era demasiado grande, hablaba entre dientes y se negaba a arreglarse su diente partido. Por fin alcanzó el éxito con la serie de vaqueros 'Rawhide', donde se pasó ocho años intentando que los productores le dejasen dirigir algún episodio sin éxito.

Le despidieron porque su nuez era demasiado grande, hablaba entre dientes y se negaba a arreglarse su diente partido

Cuando su compañero de reparto Eric Fleming rechazó la oferta de rodar un western en Almería con el director italiano Sergio Leone, sugirió a Eastwood como alternativa. Y él aceptó porque, cansado de interpretar a un héroe sin debilidades en 'Rawhide', vio en 'Por un puñado de dólares' una oportunidad idónea para construir un personaje moralmente ambiguo y al margen de Hollywood.

Economía gestual: "con y sin sombrero"

'El hombre sin nombre', como se conoce a su personaje de la trilogía del dólar, sentó las bases del antihéroe contemporáneo. "Quería interpretarlo siendo económico con las palabras y creando sentimientos mediante la actitud y el movimiento. Era el tipo de personaje que llevaba mucho tiempo pensando: mantener cierto misterio con alusiones a su pasado. Sentía que cuanto menos dijese más fuerte parecería y crecería más en la imaginación del público", recordaría Eastwood.

Leone solía bromear con que su actor tenía dos expresiones faciales, con sombrero y sin sombrero

Leone solía bromear con que su actor tenía dos expresiones faciales, con sombrero y sin sombrero, pero la economía gestual de Eastwood creó escuela: todos los tipos duros que llegaron después emularían su ceño fruncido, su boca recta y su mandíbula apretada. "Los hombres tienen una fijación con Clint, en parte por su aspecto: tiene los hombros anchos y es heroico sin alardes, como si estuviese esculpido de un bloque de madera de roble. Su cara parece hecha de cuero curtido, atravesada por las líneas de la experiencia, y sus ojos perecen estar permanentemente estudiando el horizonte", describe la periodista Elizabeth Day.

Clásicos instantáneos

Aquellos 'espagueti westerns' fueron tratados como cine de tercera por los críticos, pero el público los convirtió en clásicos inmediatos. Eastwood rodó tres seguidos porque, dado su bajo presupuesto, su recaudación multiplicaba por cien el dinero invertido. "El hombre sin nombre era un héroe algo neurótico, con un pasado oscuro que le alejaba del héroe clásico en el que la sociedad de los 60 ya no podía seguir creyendo. No era un vaquero galante ni bromista y apenas sentía remordimientos.

Sus aventuras prometían que, al final, el bien prevalecería sobre el mal pero no necesariamente gracias a los poderosos sino a los marginados. Eastwood se especializó en papeles cuyos oficios representaban fantasías de la masculinidad: vaqueros, soldados, policías, boxeadores. Si repetía el arquetipo (en 'Dos mulas y una mujer') funcionaba en taquilla, si intentaba desmarcarse de él ('El seductor', donde interpretaba a un soldado 'emasculado' por un grupo de mujeres) su público lo rechazaba. Y entonces llegó 'Harry el sucio'.

Justiciero más que pistolero

Harry Callahan era un policía con gatillo fácil y cero tolerancia a las tonterías. Una figura de autoridad solvente, con principios antediluvianos y empecinado en vengar a las víctimas más débiles. Su carisma, claro, era arrollador. Soltaba sin inmutarse líneas de diálogo tan tensas como "Anda, alégrame el día" (mientras apuntaba a un delincuente juvenil) o "Sé lo que estás pensando, ¿ha disparado cinco o seis balas? Lo cierto es que, con tantos sobresaltos, yo también he perdido la cuenta. Así que dime: ¿Crees que es tu día de suerte?". En las cinco películas de 'Harry el sucio' Eastwood puso en práctica dos de sus cualidades. Por un lado, siempre parece que ha visto más maldad de la que le gustaría y que ha sufrido más de lo que te va a contar (ya desde los 30 años parecía un señor con recorrido) y, gracias a sus colaboraciones con Leone, sabe transmitir algo intangible a través de la película: el devenir del tiempo que transcurría durante la escena.

Siempre parece que ha visto más maldad de la que le gustaría y que ha sufrido más de lo que te va a contar

Cuando se estrenó, en 1971, aquel western urbano canalizó las ansiedades de una sociedad desilusionada con las figuras de autoridad. "Yo lo supe en cuanto leí el guion" presume el actor, "Era, en cierto modo, una película sobre los derechos de las víctimas. En los medios solo se hablaba de los derechos de los acusados, así que fue un buen momento para explorar los derechos de las víctimas". Cuando el estudio señaló que Harry necesitaba una chica a la que salvar y de la que enamorarse, Eastwood les indicó que "ya hay una historia de amor en la película, entre Harry y el público".

Una película políticamente incorrecta

Hubo críticas que condenaban que la moraleja de 'Harry el sucio' bordeaba el fascismo. Pero tanto ella como todas las películas de "señores hartos que se toman la justicia por su mano" que proliferaron imitándola ('El justiciero de Charles Bronson', por ejemplo) ofrecían sencillas fantasías de venganza, catarsis violentas encapsuladas en un par de horas, tras las cuales el espectador podía regresar a su vida (oprimida y regulada por leyes distintas a las del cine de Eastwood) con cierta sensación de haberse desahogado.

Harry no era, en realidad, más que un cowboy urbano y aquellas cinco películas sobre sus andanzas sirvieron para demostrar que la ley del oeste no se puede aplicar al sistema del siglo XX, pero que al público le gusta fantasear con que sí. Y su máxima moraleja, en realidad, era que los burócratas son corruptos, estúpidos o ambas cosas y que hacen imposible que los trabajadores honrados vivan tranquilos.

Según el New York Times, el personaje de Harry Callahan "capturó el estado de ánimo del descontento entre la clase media trabajadora con un país gestionado por burócratas, sociólogos, apaciguadores e incompetentes; en la visión que América tenía de sí misma a principios de los 70, Harry no era un fascista sino un romántico, y uno bastante subversivo. Pero en los 80 el mensaje de 'Harry el sucio' resultaba más ordinario: Ronald Reagan se había convertido en presidente y Clint Eastwood, obviamente, había votado por él". El presidente Reagan llegó a citar la frase "Anda, alégrame el día" durante un discurso en el Congreso.

Superdotado sentimental

Cuando Clint Eastwood se convirtió en la estrella favorita de Estados Unidos, su vida personal generó una saga que daría para varias películas. Con 24 años tuvo una hija, Laurie, pero la madre dio al bebé en adopción sin contárselo a él. Eastwood presentaría por primera vez en sociedad a Laurie en 2018, cuando asistió con ella al estreno de 'La mula'. Mientras trabajaba en 'Rawhide' en 1964, el actor tuvo una hija con la bailarina Roxanne Tunis cuya existencia no se descubrió hasta 1989.

Su relación con Tunis duró 14 años, durante los cuales Eastwood estaba casado con Maggie Johnson. Con ella tuvo dos hijos, Kyle (en 1968) y Alison (en 1972), pero la dejó definitivamente por Sondra Locke. Él aseguraba que por fin había abrazado la monogamia con Locke, pero ella nunca llegó a divorciarse de su marido, Gordon Anderson.

Tuvo ocho hijos con seis mujeres diferentes, muchos de ellos mantenidos en secreto para la prensa hasta años después

Se trataba de un matrimonio de conveniencia, porque Anderson era gay y de hecho vivía con su pareja en una de las casas de Eastwood, pero ella estaba obsesionada con él a pesar de mantener una relación con Eastwood entre 1975 y 1989. Los cinéfilos consideran que la filmografía que Eastwood compartió con Sondra Locke ('Ruta suicida', 'Bronco Billy', 'Duro de pelar' y 'La gran pelea', estas dos últimas sendas comedias con un orangután que le dieron las mejores recaudaciones en taquilla de su carrera) son el punto más bajo de su trayectoria.

Mientras estaba con ella, prosiguió su relación con Roxanne Tunis y tuvo dos hijos con la azafata Jacelyn Reeves: Scott (en 1986) y Kathryn (en 1988). Pero Eastwood no se registró como su progenitor y la existencia de Scott y Kathryn no se haría pública en la prensa hasta mediados de los 2000. En 1993 tuvo una hija, Francesca, con la actriz Frances Fisher pero decidió mantener el nacimiento en secreto para no distraer la atención respecto a su carrera al Oscar por 'Sin perdón'.

La familia del cine

Con aquel western crepuscular, Eastwood deconstruyó las reglas del género una vez más. Pero ahora como director. "Los western retratan un periodo perdido en el que los llaneros solitarios operaban por su cuenta, sin beneficiar a la sociedad. Es la última frontera masculina, un mito romántico, y hoy resulta imposible imaginar nada romántico. Pero los westerns evocan una época en la que el hombre estaba solo, a caballo, cabalgando por una tierra que todavía no había sido explotada", explica Eastwood.

Había leído el guión de 'Sin perdón' por primera vez en 1976, pero quiso esperar hasta tener la edad suficiente para interpretar a su protagonista: un vaquero decepcionado con la aventura colonialista que sale de su retiro para una última venganza. A pesar de ser un cuento 100% yanqui, la película se rodó en Canadá porque el Instituto de cine de aquel país le permitió trabajar con lo que Eastwood denominaba su "familia": los 60 artistas y operarios con los que siempre trabaja.

El director cuida de esa familia como un líder, esperando la cola del catering con ellos, ayudando a mover la maquinaria y empezando a trabajar después de las nueve y terminando antes de las cinco para que todos puedan desayunar y cenar en sus hogares.

Los cuatro Oscar de 'Sin perdón', junto a su triunfo en taquilla, elevaron la imagen de Eastwood a la categoría de maestro cuando el western era un género considerado agotado tanto por la crítica como por el público. Esta vez ni siquiera las denuncias de Sondra Locke (que lo acusaba de cambiar las cerraduras y meter sus pertenencias en un garaje mientras ella rodaba una película) eclipsaron su triunfo artístico. Y eso que Eastwood llegó a hablar del asunto, menospreciando su relación con Locke al definirla como "una compañera de piso".

Justo cuando cumplió la edad a la que la mayoría de personas se jubilan, Eastwood inauguró su etapa dorada como cineasta. "Clint ha educado al público" señaló su compañera en 'Los puentes de Madison' Meryl Streep, "Alcanzó una credibilidad enorme con los espectadores masculinos al principio de su carrera, porque los hombres deseaban imaginarse a sí mismos como personajes de Clint Eastwood.

Y entonces empezó a ofrecerles historias a las que, a priori, no habrían querido acercarse. Empezando con 'Sin perdón', les guió hacia un cine donde la violencia no es el reclamo principal". Lo irónico es que Eastwood considera que Robert Kincaid, el galante fotógrafo enamorado de la naturaleza y de Meryl Streep en 'Los puentes de Madison', es el papel que más se asemeja a su verdadera personalidad. Si la carrera de Eastwood creció como un roble que echó raíces con 'Infierno de cobardes', 'El sargento de hierro' o 'El jinete pálido', con 'Los puentes de Madison' empezó a florecer y continuó su senda emocional con 'Mystic River', 'El intercambio' o 'Million Dollar Baby' (por la que ganó de nuevo los Oscars a mejor película y mejor director).

El trabajo, la 'gasolina' de la vida

En 1996, un año después de romper con Frances Fisher, el actor anunció su compromiso con la reportera Dina Ruiz (35 años menor que él y a quien había conocido durante una entrevista en 1993). La pareja tuvo una hija, Morgan, meses después y se divorciaron en 2013. Desde entonces, Eastwood mantiene una relación con la camarera de uno de sus restaurantes, de 56 años, a quien presentó en sociedad en los Oscar de 2015.

El trabajo es mi motor, es cuando me siento mejor, y mi familia lo sabe

"Según me hago mayor, tiendo a dedicarme más a mi familia. Cuando era joven solo pensaba en triunfar como actor y, una vez lo logré, seguí apostando por mi carrera. Pero un día te despiertas y piensas 'Jesús, llevo haciendo esto mucho tiempo y sigo en la partida, ¿por qué no dejarme llevar?'. No hay motivo para sentir ansiedad profesional. El trabajo es mi motor, es cuando me siento mejor, y mi familia lo sabe pero también saben que soy leal a ellos. Y en mi caso esa lealtad no es una cualidad innata, sino adquirida".

Esta inestabilidad sentimental y sexual, sin embargo, no ha deteriorado la imagen pública de Clint Eastwood. Es como si su condición de mito estuviese por encima de todo lo demás, incluso de episodios esperpénticos como cuando en una convención republicana mantuvo una conversación con una silla vacía como si el entonces presidente Barack Obama estuviese sentado en ella. Sus películas tienen valores, estéticas y estructuras narrativas tan clásicas que no parece pasar el tiempo por ellas.

Aunque no te gusten todas, es imposible que no reconozcas el valor de Eastwood en términos generales. Como persona, como cineasta y como icono. Sus intereses como narrador (el individuo en contraste, en lucha y en armonía con la sociedad) son coherentes con su disciplina profesional: sin alardes, sin aspavientos, sin pretensiones. La rapidez con la que rueda, sin pasarse nunca del presupuesto, se debe a que todos los miembros del equipo cumplen su deber. Una vez Kevin Costner le hizo esperar para rodar una escena de 'Un mundo perfecto' porque no se sentía preparado, y cuando salió de su camerino Eastwood ya la había rodado con un extra de espaldas.

Entre la meditación y la cerveza

Eastwood hace ejercicio a diario (elíptica por la mañana y pesas por la tarde), medita dos veces al día (lo más parecido a espiritualidad que hay en su vida, asegura) y lleva una dieta sana desde hace seis décadas. Su única debilidad es la cerveza. "Un amigo mío que había luchado en la guerra de Corea solía decir 'Dios te ha dado un cuerpo, deberías cuidar de él. Dios te ha dado una cabeza, deberías cuidar de ella'. Y no quiero filosofar, pero básicamente eso es lo que creo: si solo tienes un cerebro, ¿por qué convertirse en yonqui y destrozarlo?". Eastwood fue alcalde de un pequeño pueblo de California durante un par de años en los 80, pero nunca le ha interesado hacer carrera política porque se dio cuenta que tendría que hacer acuerdos que no iba a cumplir y hacerle la pelota a gente que no le caía bien.

No quiero filosofar, pero básicamente eso es lo que creo: si solo tienes un cerebro, ¿por qué convertirse en yonqui y destrozarlo?

Cuando admitió en 2016 que probablemente votase a Trump, con quien Eastwood siempre ha sido muy crítico por sus malos modales, muchos se sintieron decepcionados porque el actor representa al arquetipo de conservador racional. De republicano que le cae bien a los demócratas, básicamente, porque le cae bien a todo el mundo. Pero a él no le gusta ser símbolo de nada y considera que no es más que un trabajador encantado con su carrera, el padre de ocho hijos (reconocidos) y el abuelo de cinco nietos.

Y a pesar de ser hoy uno de los cineastas más apreciados del mundo, sigue quitándole hierro a sus hazañas artísticas: "A la gente le encanta que le cuenten historias. A mí me encanta contarlas y lo hago lo mejor que puedo. Si al público le siguen gustando mis historias, yo seguiré contándolas. Mi padre soñaba con abrir una ferretería. Y yo soy su hijo".