Javier Bardem o cómo el Marlon Brando de los Monegros ha conseguido blindar a su familia

  • Desde su triunfo en Hollywood, el actor ha sufrido el escrutinio de la opinión pública española en cada cosa que hace

  • Recién cumplidos los 52, él y Penélope Cruz disfrutan ahora del esfuerzo hecho durante años para dejar al margen a a sus hijos

  • Lejos de resignarse como otros actores, han ido demandando a todos los medios que publican fotos o informaciones de su familia

En 1997 Javier Bardem era un actor antisistema. O al menos eso podría inferirse cuando aseguraba que su relación con el star-system era "nula". "En los rodajes me llevo bien con los técnicos, salir con los directores y los actores me aburre un huevo. Hay mucha tontería. Nunca me he sentido más fuera de lugar que la otra noche en la fiesta del estreno de Almodóvar, con todo el mundo diciéndome gilipolleces sobre lo bien que estaba yo", confesaba en El país. El estreno al que se refería era 'Carne trémula', su primera y (hasta el momento) única colaboración con Pedro Almodóvar. Aquella también sería la primera vez que Penélope Cruz, futura señora de Bardem, trabajaba con el director manchego. Pero ella repetiría cinco veces.

Yo ahora me veo en un hotel de cinco estrellas y pienso en todo lo que está pasando en Bosnia y Somalia y no sé qué hacer

Bardem tenía 28 años cuando explicó su incomodidad ante la industria del cine. Ahora, recién cumplidos los 52, parece menos tenso con su posición pero nunca ha dejado de ser un artista de contradicciones. Comparte abiertamente sus opiniones políticas de izquierdas aunque de vez en cuando trabaje para Disney (en la quinta parte de Piratas del Caribe, en 2017, y ahora está rodando La sirenita, donde interpreta al padre de Ariel).

Es uno de los hombres más famosos de España que, sin embargo, no cede ni un centímetro en la protección de su vida privada: Bardem y Cruz han denunciado sistemáticamente a todos los medios que han publicado detalles o fotografías personales. Y han ganado. Esta es la historia de un hombre que, en realidad, solo parece contradictorio desde fuera.

"Yo ahora me veo en un hotel de cinco estrellas y pienso en todo lo que está pasando en Bosnia y Somalia y no sé qué hacer", decía el actor cuando presentaba Huevos de oro en 1993. Bardem venía de familia de artistas y se había criado viendo a su madre, Pilar, sufrir porque el teléfono no sonaba y las facturas se acumulaban. Debutó con Bigas Luna en Las edades de Lulú y repitió con Jamón jamón, en cuyo rodaje conoció a una debutante Penélope Cruz de 17 años y a cuyo estreno acudió con su madre a un brazo y con un jamón al otro.

El Marlon Brando de los Monegros

Bigas Luna lo llamaba "El Marlon Brando de los Monegros". También vaticinó "Penélope y Javier acabarán juntos y serán dos de los mejores actores del mundo". El póster de Huevos de oro, su tercer trabajo consecutivo con Luna, lo inmortalizó agarrándose los susodichos en una actitud chulesca que él temía que le encasillase. Así que se puso manos a la obra para evitarlo.

Hizo de detective en 'El detective y la muerte', de yonqui en 'Días contados' ("Cuando le dijeron que podía pintarse los dientes de negro y salir con el pelo sucio fue el día más feliz de su vida", decía su madre) y de actor en paro que se metía a trabajar en una línea erótica en Boca a boca.

Latin Lover

En aquella comedia Bardem protagonizaba una escena emblemática en la que se iba de una reunión con una productora estadounidense tras explicarle que su imagen del "latin lover" era ridícula y que no tenía ni idea de qué significaba ser español. Bardem apretaba un panecillo dentro de su puño para mostrarle en qué consiste la pasión ibérica y ella, claro, se quedaba fascinada. En 1996, mientras rodaba Perdita Durango con Álex de la Iglesia en México y Estados Unidos, Bardem explicaba que el único sueño americano que conocía era "el sueño que me da a mí antes de comer".

Antes de que anochezca le dio una nominación al Oscar, pero no era una película de Hollywood en absoluto. Tras perder contra Russell Crowe por Gladiator, Bardem siguió a lo suyo: Los lunes al sol, Pasos de baile, Mar adentro. Pero esta le devolvió a Hollywood, de nuevo por casualidad, cuando ganó el Oscar a la mejor película extranjera y él tuvo que participar en una campaña promocional tan extenuante que llegó a desmayarse entre entrevista y entrevista.

'No es país para viejos', el western de los hermanos Coen que lo convirtió en el primer actor español en ganar un Oscar, era en realidad su primera película en Hollywood. "Mamá, esto va por ti y por los abuelos Rafael y Matilde. Va por los cómicos de España que llevaron la dignidad y el orgullo a nuestro oficia. Esto es para España", dijo en su discurso de agradecimiento.

Tras su victoria, una entrevista el New York Times publicó esta declaración de Bardem: "Los españoles son duros. Critican mi trabajo y dicen que me he vendido. En estos momentos a uno le gustaría decirles 'Parad, sois un montón de estúpidos', pero está claro que no le puedes gustar a todo el mundo". Aunque él después se disculpó y señaló que se trataba de un desajuste con el idioma y la transcripción, parte del público español afiló los cuchillos.

Era 2008 y la industria del cine español llevaba cinco años siendo el saco de boxeo preferido de la derecha, tras aquella ceremonia de los Goya de 2003 que se convirtió en un acto contra la guerra de Irak. Así que Javier Bardem, uno de los artistas más críticos con el gobierno de Rajoy, fue nombrado el rey de los titiriteros. Y eso significaba que no le iban a pasar ni una.

Cuando en 2013 el restaurante familiar La Bardemcilla cerró, sus once empleados denunciaron ante la justicia y al prensa que los Bardem pretendían despedirlos sin indemnización. La prensa más conservadora, además de informar del asunto, escribía valoraciones como "Se me viene a la cabeza Javier Bardem, con el cartel de 'stop ERE' en mano, vestido de Armani y mirando desafiante a las cámaras en la entrada de la gala de los Goya" (La razón). Al final, un burofax ("frío y arrogante", según el mismo periodista de La razón) zanjó el conflicto garantizando que los empleados recibirían el máximo marcado por la ley en esos casos.

En otra ocasión, Bardem explicó que "al gobierno le viene bien el paro" y el entonces portavoz adjunto del Grupo Popular en el Congreso, Rafael Hernando, escribió en Twitter: "Hay que ser un gran villano, y no de película, para sostener que al Gobierno le va bien tanto paro. Frivolidades de millonario residente en Miami". Da igual que el actor viva en Madrid ("Al menos cuando Hacienda me puso la multa se demostró que tributo en España", bromeó), la opinión pública solo conoce a Javier Bardem mediante titulares. Y, sobre todo, en base a una opinión formada e inamovible.

"En el momento en el que tienes una opinión, ya tienes un enemigo. Por mi parte, hace ya mucho tiempo que renuncié a la idea fantasiosa y adolescente de agradar a todos", indica. En una cultura empeñada en simplificar a sus ídolos, Bardem se comunica con respuestas largas cuando procede y con silencios cuando no.

En 2008 se reencontró con Penélope Cruz en el rodaje de 'Vicky Cristina Barcelona', en 2010 se casaron y en 2011 tuvieron a su primer hijo, Leo. Cuando La Otra Crónica, de El mundo, publicó un artículo titulado "Todos los secretos sobre su embarazo" que incluía detalles sobre su boda en el complejo Musha Cay de las Bahamas, la pareja demandó al medio por vulnerar los derechos fundamentales a la intimidad personal y familiar. Ganaron el juicio. La sentencia, según su abogada, "debería servir para que los medios editoriales reflexionaran sobre este tipo de intromisiones, cada vez más frecuentes, que pretenden ampararse en el paraguas del derecho a la libertad de expresión y al de información".

Defensores de su intimidad

En 2014 el matrimonio volvió a ganar un juicio, esta vez contra la editora del diario Estrella Digital. El medio difundió un reportaje fotográfico de Leo, que entonces tenía casi cinco años, pixelando ligeramente sus ojos pero dejando su rostro perfectamente reconocible. Además, el texto facilitaba información sobre una comida familiar. "Las fotografías carecen de importancia y relevancia para el público y la sociedad en general. No tienen ningún valor informativo salvo el de saciar la curiosidad de la gente", afirmaba la sentencia. La revista Lecturas fue condenada.

La mayoría de celebridades se resignan a aceptar que el sistema es así y que la fama tiene sus consecuencias, pero Bardem y Cruz no. De lo poco que han contado sobre su vida familiar, se sabe que no hay nada en su casa que les recuerde a Leo y a Luna que sus padres son estrellas de Hollywood. Hasta el Oscar que él ganó por 'No es país para viejos' está dentro de una estantería en un despacho. "No porque no estemos orgullosos, sino porque creo que es un trabajo como otro cualquiera. Sospecho que un fontanero no cuelga el mono a la entrada de su casa", explica.

Sus pilares

Ha confesado que hasta que no se convirtió en padre no entendió eso del "amor incondicional" y que nada le hace tan feliz como jugar a princesas y dragones en familia. Su primer instinto, al venir de un hogar matriarcal (sus padres se divorciaron cuando él tenía dos años y se crió con su madre), fue tratar de ser como le hubiera gustado que su padre hubiera sido y estar lo más presente posible. "Pero ahora entiendo que uno hace lo que puede. Mi padre no estuvo presente. Mi madre se partía el lomo por toda España trabajando en teatro y televisión", explicaba en Esquire.

Cuando no está trabajando sigue acudiendo cada día al estudio de interpretación de Juan Carlos Corazza, su mentor desde sus inicios, y de vez en cuando desvela sus sentimientos en público: "Lo que tenemos nosotros", dijo refiriéndose a su esposa, "es lo más importante: un pasado. Nos conocíamos desde antes de que empezara todo esto y eso resulta vital, porque cuando nos encontramos yo la vi a ella y ella a mí".

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