"No me llames por teléfono, escríbelo por Teams": guía para relacionarte mejor con tus colegas de oficina millennials y Z

  • La llegada de los jóvenes al mercado laboral ha supuesto cambios en las formas de comunicación en las empresas

  • Las plataformas de mensajería instantánea han desplazado a las llamadas telefónicas y al correo electrónico

  • Los millennials evitan las llamadas porque las consideran una molestia invasiva y prefieren los mensajes de texto

La renovación generacional y la llegada de los millennials y los centennials al mercado laboral han traído consigo cambios, no solo en la forma de vestir o afrontar la vida, sino también en la manera en la que nos comunicamos con nuestros compañeros de trabajo. Hace apenas 20 años los correos electrónicos eran la principal herramienta de intercambio de información e ideas en las empresas, y los teléfonos móviles solo servían para llamar y enviar SMS. Hoy tenemos Teams, Slack y Google Chat, el e-mail cada vez es menos popular entre los jóvenes y las llamadas se consideran invasivas. Podemos seguirlas o no, pero entender cuáles son esas reglas no escritas de comunicación en el entorno laboral es crucial para relacionarnos mejor con nuestros compañeros de trabajo más jóvenes.

¿Llamada o mensaje?

Gran parte de los nacidos a partir de 1981 tienen aversión a las conversaciones telefónicas. A los boomers y los miembros de la generación X les encantan las llamadas, pero los millennials prefieren evitarlas porque las consideran una molestia que les interrumpe, invaden su privacidad y colocan a quienes las reciben en una situación de vulnerabilidad. La denominada generation mute se decanta por comunicarse mediante mensajes de texto. Más rápido y al grano.

Adolfo (Community Manager, 31 años) opina que la comunicación es "más efectiva a través de la plataforma de mensajería que adecúe la empresa porque el resto es invasivo y se tiende a usarlo fuera del horario laboral, cosa que debemos intentar no hacer de ninguna de las maneras. Las llamadas de teléfono nunca son tan productivas como uno cree y se alargan sin necesidad, como las reuniones".

Más comprensiva con las llamadas es Lucía (agente de publicidad, 39 años): "Prefiero Slack para mensajes cotidianos cortos y en tiempo real. Pero una llamada a tiempo o una mini reunión cara a cara resuelven más problemas en 10 minutos que dos horas de mensajes". Y nos saca a colación otro elemento muy de nuestro tiempo: las notas de audio." Nos ayudan mucho en el curro, sobre todo si estás liado con otra cosa y haces una pausa, pero eso yo he notado que a algunos compañeros uppers de mi trabajo no les acababa de gustar. Preferían un mail o una llamada de teléfono".

En general, hay un consenso en que para comunicaciones concretas del día a día las plataformas de mensajería son la mejor opción, mientras que la llamada habría que reservarla para conversaciones detalladas, largas o complicadas, o en última instancia para una emergencia.

El correo electrónico, ¿un formato anticuado?

En el último Foro de Davos, Anjali Sud, directora ejecutiva de Vimeo, aseguraba que el correo electrónico es un formato “anticuado” y que muchos de los jóvenes que se incorporan al mercado laboral apenas revisan su bandeja de entrada. Pero, ¿es cierto que el e-mail está en decadencia en el seno de las empresas? Quizás su uso no es tan masivo como cuando no había otras opciones, pero "sigue siendo una herramienta necesaria en el trabajo, que quizá ha quedado relegada para momentos en los que se requiere una comunicación más formal, especialmente con otros departamentos, no tanto para lo que conlleva el día a día", nos cuenta Alejandro (redactor, 25 años).

"Recurro a los mails cuando quiero dejar constancia de algún aspecto de un proyecto, casi como un 'notario'", nos dice Lucía, apuntalando esta preferencia por el correo electrónico como canal para comunicar información instructiva, o comunicaciones oficiales y no urgentes.

Sol (directiva de una agencia de comunicación, 55 años) lo tiene claro, como buena portavoz del perfil más upper: "El mail me parece estupendo cuando hay que explicar algo complejo que necesita un discurso más armado. Es menos funcional que un Whatsapp, pero más útil si hay que profundizar. Creo que lo que no les gusta a los más jóvenes es precisamente eso: hay que dedicarle más atención".

"OMG bro, está todo ok?"

Los cambios generacionales han alcanzado también al contenido de los mensajes, ya sea en correos electrónicos u otras plataformas de mensajería instantánea, alterando los habituales recursos que expresan simpatía, respeto o gratitud. Los trabajadores más veteranos, por norma general, tenemos más claro que un saludo y una despedida elegantes ("buenos días, gracias y un saludo") forman parte de las normas básicas de educación al dirigirnos a alguien.

Los trabajadores más jóvenes no siempre se manejan en esos códigos y a veces tienen que lidiar con el síndrome del impostor o con su propia inexperiencia. En esos casos, es muy común que usen signos de exclamación (otra marca generacional) para intentar restar agresividad a su discurso. Sin embargo, a veces ese entusiasmo exagerado denota más bien nerviosismo y le da al texto un toque innecesariamente infantil. Y en el extremo contrario, recibir un simple 'ok' como contestación puede ser tomado negativamente, por considerarlo excesivamente cortante o seco.

Y también podemos referirnos a la jerga y modismos que suelen utilizar los más jóvenes, incomprensibles en muchos casos para los senior. Lucía, a sus 39 años, siempre se consideró "joven y moderna", como lo eran todos los nativos digitales, pero empieza a notar también la llegada de una nueva generación: "Ahora entiendo mejor a los uppers. Por ejemplo, me pasa con las abreviaturas: lol, ok (pronunciado así, ok, no okey), bro. He tenido que llamar a alguno al teléfono para aclarar una cosa y he notado que le violentaba en alguna medida hablar directamente".

Sin embargo, Alejandro, que por edad pertenece ya a la generación Z, no percibe tantas diferencias en la comunicación intergeneracional: "Como mucho, diferencias en la forma de expresarnos, pero que son normales al pertenecer a generaciones diferentes, y además, pueden enriquecernos como equipo a todos".

Una consecuencia de tener tantos canales de comunicación a nuestra disposición es la de caer en la tentación de recurrir a más de uno al mismo tiempo. A veces necesitamos una respuesta rápida y si vemos que a través del correo electrónico no nos llega a los cinco minutos, inmediatamente atacamos por otro frente. Error. Si has decidido que el correo sea tu canal, lo mínimo es dejar un tiempo de respuesta. En cualquier caso, Adolfo no crea que eso se una cuestión generacional: "El hecho de contestar o no contestar a un mensaje de trabajo va ligado simplemente a una cuestión de educación o el umbral de ansiedad del compañero. Noto, tanto en jóvenes como adultos, que responder a un mensaje no es prioridad entre las tareas del día a día".

Un punto de encuentro intergeneracional

Si hay una competencia que nos puede resultar útil para gestionar las diferencias de comunicación entre generaciones es la empatía. No existe mejor manera de comunicarse con otra persona que ponerse en su lugar, y tratar de entender lo que piensa y por qué, incluso aunque no estemos de acuerdo con ello.

Sol, nuestra representante uppera, cree que con los miembros de su generación "hay que respetar más los tiempos. Lo instantáneo y rápido nos gusta menos". En cambio, "los jóvenes pecan de 'literalidad' y hay que explicarles mucho las cosas. Quieren ser rápidos, pero, a veces, les cuesta entender de qué se está hablando. Creo que no hacen el esfuerzo de ver más allá de sus coordenadas. También nos pasa a los mayores. Encontrar un punto de encuentro sería estupendo".

Y Lucía nos termina dan la clave del éxito de toda convivencia intergeneracional: "La experiencia de los uppers, mezclada con la solvencia de los millennials (la generación más preparada de los últimos años) y la frescura tiktokera de los Z es un trío ganador (siempre que consigan entenderse)".