Dos meses de teletrabajo: los expertos dicen qué se debe mejorar si se implanta para siempre

  • Garantizar la desconexión digital, el control horario, la conciliación o el bienestar psicosocial, entre las propuestas de los expertos para un teletrabajo regulado y saludable

Casi diez millones de personas están teletrabajando en España desde que se declaró el estado de alarma. Aunque aún se trata de una minoría privilegiada que ha podido adaptarse a las circunstancias porque su trabajo y su situación socioeconómica se lo permiten, el crecimiento de su implantación es notable. Menos del 5% de los trabajadores practicaban de manera puntual esta forma de trabajo deslocalizado antes de la irrupción de la COVID-19, según la EPA. Y en datos de una encuesta de Eurofund recopilados tras estos dos meses, ahora lo practican con regularidad semanal un 30,2% de los trabajadores de nuestro país.

En pleno experimento pero con la vista puesta en un modelo llamado a quedarse -con más probabilidad entre los mayores de 40-, los expertos analizan los resultados para no perpetuar los errores como la falta de desconexión digital, el alargamiento de las jornada, las dificultades para conciliar que afectan en mayor medida a las mujeres o la falta de espacios de trabajos adecuados. Aspectos que repercuten en la salud y atentan contra los derechos de los trabajadores que, bajo la gravedad de la situación y la necesidad de adaptación urgente, han quedado en un segundo plano estas semanas. Toca dejar atrás los peligros del apaño y pasar a una regulación del teletrabajo, como anunciaba la Ministra de Trabajo Yolanda Díaz que hará próximamente.

· Vigilar que no se alarguen las jornadas

Ya lo advertían los expertos al inicio de este ensayo general: uno de los aspectos más complejos a la hora de trabajar desde casa es definir bien los límites entre el tiempo libre y el de trabajo. Barrera aún más difusa cuando el trabajo depende de dispositivos constantemente encendidos y sin apenas posibilidad de salir a la calle. Aunque encuestas tempranas como las elaboradas por Axicom o LinkedIn apuntan a que se ha recibido el modelo de teletrabajo con alegría (ocho de cada 10 trabajadores afirman sentirse a gusto trabajando desde casa según la consultora y un 30% ha encontrado un entorno más productivo y creativo en casa en datos de la red social profesional), son muchos los trabajadores, expertos y entidades que subrayan las dificultades respecto a la conciliación con la vida personal.

Según lo datos de la encuesta de Eurofund mencionada anteriormente, el 21,2% de los teletrabajadores españoles preguntados afirma haber dedicado a diario parte de su tiempo libre a hacer cosas de trabajo. Lo confirma a Uppers Alejandro Godino, sociólogo e investigador de relaciones laborales en la Universidad Autónoma de Barcelona, que junto a Alba Molina y Óscar Molina, ha elaborado una encuesta representativa a 656 personas sobre las formas de control del rendimiento del teletrabajo en el periodo de confinamiento. "Hemos detectado que, generalmente, parece que no hay una mayoría del registro obligatorio de jornada (solo un 6% de los encuestados han dicho que en sus trabajo se están llevando a cabo). A pesar de que el Ministerio advirtió que la situación excepcional de teletrabajo no implicaba que las empresas estuvieran exentas de hacerlo; se deducía de ahí que estaban obligadas a seguir haciéndolo. Además, en nuestra encuesta hemos captado que un 12% asegura trabajar más horas a raíz de la situación de teletrabajo forzoso. Más si te atiende a datos de Eurofund, que señalan una media de extensión de dos horas de la jornada laboral".

Esto, combinado con el método de control del rendimiento basado en resultados y objetivos que los investigadores han detectado como predilecto durante estos dos meses de teletrabajo (46%), que se acerca más al modelo de trabajo por encargo (gig economy) imperante en la economía digital de la "teleprecariedad", y junto a la presencia forzosa en casa de los trabajadores; ha dado lugar, en palabras de Godino, "no solo a una extensión de las jornadas sino también una invasión al derecho a la desconexión".

· Desconectar es un derecho

Un e-mail fuera de horario, mensajes instantáneos constantes, el aumento de las videollamadas o la invasión de vías y espacios de comunicación privadas. A falta de constatación de asistencia a la oficina y contaminadas por la arraigada cultura presencialista, estas formas de comunicación se han convertido en otra vía para ejercer el control del rendimiento en un 28% de los casos, apuntan los datos recogidos por Godino, Molina y Molina. También supone una importante carga mental, como explica a este medio Elisa Sánchez, psicóloga y experta en salud en el trabajo. "Además de hacer latente la falta de confianza en la responsabilidad del trabajador, esto supone una carga y mucha exigencia. Tengo que estar preparada y decente para salir por pantalla o tengo que contestar inmediatamente a los mensajes para que no piensen que no estoy trabajando; mientras cuido de mi hijo y preparo cosas en casa". Una hiperconectividad que se traduce por una sensación de disponibilidad continua y pasa factura.

En España, el derecho a la desconexión digital entró en vigor en diciembre de 2018 enmarcado dentro de la Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales. Este protege al trabajador frente a las interrupciones electrónicas fuera de su horario laboral y en periodos de vacaciones o descanso, señalando la necesidad de prestar especial atención a esto en el caso de las personas que desempeñan su trabajo desde casa. El problema, como subraya Alejandro Godino a partir de datos de Comisiones Obreras, es la ausencia de desarrollo reglamentario al respecto: apenas un 11% de los convenios laborales firmados desde que entró en vigor y hasta septiembre de 2019 lo recogen. Y cuando lo hacen es de manera poco específica. Una regulación que la Ministra de Trabajo Yolanda Díaz ha prometido concretar dentro del plan de regulación del teletrabajo que ha acelerado esta crisis.

· Conciliación regulada y sin brecha de género

No son pocas las personas, en su mayoría mujeres, que estos días han alzado la voz respecto a la necesidad de garantías del derecho a la conciliación. Sumando a los dos problemas anteriores la situación de las familias con niños o personas dependientes a cargo. "Tengo compañeras que tienen niños muy pequeños y se están levantando a las seis de la mañana para poder sacar el trabajo antes de que se despierten", cuenta a Uppers Elisa Sánchez. "Y otro compañero me transmitía la pregunta de su hermana, que quería saber si teletrabajando se puede pedir un día libre porque necesita ir a hacer la compra y limpiar su casa", alerta.

La conciliación ha supuesto tradicionalmente una trampa que ha condicionado en mayor medida el desarrollo laboral de las mujeres a causa de la perpetuación de roles de género que siguen delegando en ellas en mayor medida los cuidados y el trabajo doméstico. Favoreciendo por esto mismo el acceso a trabajos temporales, jornadas reducidas, trabajos por encargo y en sectores más precarios. Todo ello agravado en esta situación de crisis, con los niños y personas dependientes a tiempo completo en casa.

Como denuncia la asociación Yo No Renuncio, creada por Malasmadres, son más las mujeres que en estos dos meses han reducido sus jornadas o renunciado a sus trabajo por esta incompatibilidad de trabajos. Si antes seis de cada 10 mujeres hacían algún tipo de renuncia en el plano laboral tras la maternidad, durante el estado de alarma la brecha de la corresponsabilidad ha aumentado en un 13%, denuncian desde esta plataforma que reclama "garantizar el teletrabajo por imperativo legal, facilitar la adaptación y reducción de jornada sin pérdida salarial y una ayuda retributiva a la contratación de personal para cuidar a los menores".

· Espacios de trabajo adecuados y la cuestión del gasto

Un 30,2% de los trabajadores de España encuestados por Eurofund dice haber encontrado a veces durante este periodo dificultad para concentrarse. "Son muchos los que han notado esa falta de concentración o que su rendimiento ha bajado", apunta Elisa Sánchez. "Hay muchos más problemas musculoesqueléticos. Lo que se pensó que serían 15 días y algo provisional hizo a muchas personas pasar por alto las necesidades ergonómicas que responden a la Ley de Prevención de Riesgos Laborales (una buena silla, teclado, pantalla y ratón a una distancia adecuadas, etc)". Y esta también debe velar por el bienestar psicosocial del trabajador. Al trabajar desde casa se pueden acusar más problemas anímicos y emocionales derivados de la soledad de los hogares. Como apuntaba LinkedIn en su encuesta, el 62% de los trabajadores participantes dice experimentar más ansiedad y estrés trabajando así. "Este es el momento de hacer un análisis y replantearse qué cosas debemos mejorar", cuenta la psicóloga y experta en salud en el trabajo.

El debate sobre qué hacer con los gastos extra que genera el modelo de teletrabajo para los empleados y que reduce costes en los empleadores, también está sobre la mesa. Si a partir de ahora trabajo en mayor medida desde casa, ¿se hará cargo la empresa de pagarme internet o un equipo informático? ¿Qué ocurre con los gastos de transporte? Ahora mismo el artículo 13 del Estatuto de los Trabajadores que regula el teletrabajo apunta a que esta situación se debe definir de mutuo acuerdo entre empresa y trabajadores, aunque varias voces expertas llaman a perfilarlo.

Para que el teletrabajo que viene no se convierta en un atajo a una (mayor) precariedad, toca garantizar en su regulación que no se pierdan por el camino los derechos laborales.