Pino Montesdeoca: "Parecer joven no me interesa, llevar canas es precioso y mucho más barato"

  • Bienvenidos a 'Santa Cana', un homenaje al pelo blanco, libre y natural en el que reunimos a cuatro melenas plateadas, ilustres e inspiradoras, que representan el disfrute de ser upper

  • En esta segunda entrega entrevistamos a Pino Montesdeoca, que empezó su carrera de modelo a los 53 y, cinco años después, sigue defendiendo que la edad es solo una etiqueta. Aquí nos cuenta cómo desterrar el tinte y abrazar la cana la llevaron a una segunda vida, un tren en el que sigue montada encarnando un nuevo (y mucho más libre) paradigma de belleza

  • “Eso de parecer más joven si me tiño las canas, que posiblemente sea real, no me interesa. Yo ya fui joven. Esto es cómodo, me parece precioso y mucho más barato”

La reivindicación no acaba con la edad, todo lo contrario. La generación upper abandera el movimiento de liberación de la cana y sus nuevos valores asociados: plenitud y naturalidad. Ha sido un año difícil y a esta generación bisagra e incombustible le ha tocado ser el sostén para sus padres y brújula para sus hijos, y volverán a hacerlo en estas fiestas. Ahora toca rendirles homenaje a ellos. En 'Santa Cana' hemos entrevistado a cuatro representantes de este nuevo sentir del peinar canas para que nos cuenten cómo viven (¡y disfrutan!) esta etapa. Tras entrevistar a Carlos Sobera, hoy le toca el turno a la modelo Pino Montesdeoca, un nuevo icono intergeneracional que conquista a marcas y diseñadores con su melena plateada.

Con unas Doc Martens y un traje a cuadros a lo Vivienne Westwood, Pino irrumpe en el estudio Cayena demostrando algo que confesará de extranjis: "Yo no sé si soy modelo, yo lo que tengo es actitud". Su currículum de los últimos años le lleva la contraria. Ha desfilado para Duyos o Juan Vidal y es imagen de marcas de belleza como L’Oréal. En los cinco años y medio que lleva en la profesión ha hecho callo delante del objetivo. Y Alberto Van Stokkum, el fotógrafo que ha retratado a lo más icónico de la generación trap (Bad Gyal, Yung Beef o La Zowi) y se rifan las revistas de moda por su dominio del flashazo, está disfrutando de lo lindo con la sesión.

Suena C. Tangana con la Húngara y, ataviada como una sacerdotisa con un vestido túnica a juego con su pelo blanco, Pino baila mientras los allí presentes la grabamos extasiados para subirlo a Stories. Esta canaria de 58 años y 21 mil seguidores en Instagram encarna lo que aquí venimos a contar: cómo las canas se han convertido en un símbolo aspiracional.

"Yo, como todo el mundo, distorsiono mi imagen aquí adentro. Me veo rubia, pero sé que todo esto es cana". Tras años de tinte y mecha dorada, su color floreció de manera natural. Era otro momento vital y profesional y ella andaba lejos, trabajando como financiera en las Bahamas. "Allí no me podía teñir, pero pensaba que no se me notaba nada, así que seguí para adelante. Hasta que mi hermano me dijo: 'Pino, tienes que hacer algo tía, porque estás viejísima". "No, me veo divinamente", le respondió. Y así hasta hoy.

Con deje canario y voz ronca, Pino explica despacio ese proceso que en internet se resume bajo la etiqueta #greytransition: "Cuando vine para España me corté el pelo y ya al cortarlo era todo cana. No me di cuenta, no me importó un pimiento. Eso de parecer más joven si me tiño, que posiblemente sea real, no me interesa. Yo ya fui joven. Esto es cómodo, me parece precioso y mucho más barato".

Eso de parecer más joven si me tiño las canas, que posiblemente sea real, no me interesa. Yo ya fui joven

Teñirse ya no es la norma. Y en muchos casos, si se hace, es precisamente para potenciar el blanco que asoma al fondo. Los tintes para melena plateada son los que ahora avanzan terrero en un país que, en datos del Instituto Médico Dermatológico, ha tenido tradicionalmente una fuerte dependencia de la coloración: seis de cada 10 mujeres se tiñen las canas frente a uno de cada 10 hombres. La misma casa francesa que la ha contratado a Pino como imagen, L’Oréal, estableció que el color de pelo del año en 2019, por su éxito de demanda, fue precisamente el Silver Chic. Tener mechones plateados en 2020 es un valor añadido. Son sinónimo de haber hecho un buen viaje, de lo real y una celebración de la experiencia. Si los centennials y millennials liberan su acné, su celulitis y sus curvas, los uppers hacen lo propio con sus canas y arrugas tirando de hashtags que acumulan cientos de miles de publicaciones, como #goinggray, #grayhair o #grombre. Vamos, que celebran sus canas por todo lo alto.

Igual le pasa a Pino Montesdeoca. La aparición de la cana en su caso marca el inicio de una segunda vida. "Justo antes de empezar como modelo estaba en una estación completamente diferente. No estaba trabajando y ya estaba recuperada de algo que me había ocurrido. Estaba en un limbo de disfrute de mí misma y de no hacer nada". La picadura de un mosquito casi la mata a causa del dengue hemorrágico en el Caribe. La cosa se puso tan seria que empezó a llamar a los suyos y a grabarles vídeos para despedirse.

"Cuando me recuperé me di cuenta de que estaba completamente enamorada de mi cuerpo, pero brutal". Y se besuquea las manos por si queda duda: "Más linda que eres", se dice. "Lo despreciamos tanto diciéndole 'ay, qué piernas tengo...'. Y resulta que te pones así de malita y eres capaz de levantarte de la cama, de volver a andar, volver a poder ir al baño, tragar... Este cuerpo se regenera". A su vuelta a España, cuenta, "me encargué de vivir un poquito".

Mi hermano me dijo: 'Pino, tienes que hacer algo con las canas tía, porque estás viejísima". "No, me veo divinamente", le respondió. Y así hasta hoy

Fue el novio de su hija Carlotta, el fotógrafo Coke Riera, quien la cogió por banda junto al peluquero Joseba Errasti para sacarle unas fotos. Y con esa filosofía de la que hace bandera -"si pasa el tren, lo cojo y si no me gusta el viaje, me paro en la próxima"-, Pino se subió y sigue montada. "Yo empecé todo esto como una manera de seguir divirtiéndome, de pasármelo pipa, pero resultó que esto era más serio de lo que yo pensaba".

Las revistas, redes sociales y pasarelas a las que Pino se sube son el escaparate en el que tantas otras mujeres se miran. Unos medios en los que, poco a poco, se abre espacio a nuevos paradigmas de belleza y aspiración que huyen de cánones estrictos en busca de lo natural. Incluso aunque no se busque, se contribuye al cambio. "Me escriben personas contándome momentos muy difíciles por los que están pasando. Y resulta que me vieron y eso les abrió una ventanita, un agujerito, una puertita, no lo sé. Pero definitivamente tiene más peso del que yo pensaba".

Pero esa inspiración, insiste, no hay que tomársela al pie de la letra. "Pino es simplemente una opción de mujer más. Todas tenemos un hueco. Las que se cambian el color del pelo, las que no -yo estoy ahí-. Las que se retocan y quieren verse espectaculares, perfecto. Las que siguen pensando que la esencia está ahí, que siguen siendo esa chiquilla de 17. Esa esencia, ciertamente, sigue ahí, con colgajos, con arrugas, con un montón de cosas. Pero a mis 58 años y medio yo sigo ahí, no estoy obsoleta, no he fallecido, y he decidido que yo valgo y que yo existo, que yo soy como a mí me da la gana, es mi decisión. Y esto es simplemente una opción más dentro del abanico enorme que hay de mujeres de mi edad, de más edad, de hombre de mi edad, de más edad. No hay que darle mucho bombo y platillo, soy simplemente una opción más. Y mola".

Tras un rato de charla sentada, Pino se explaya cada vez más. Hablamos de envejecer y de que, por muy bien que se lleve por fuera y por dentro, la inseguridad también aflora. "Mi relación con mi cana y con mi arruga depende del momento del día. Cuando te levantas y te enfrentas por primera vez ese día con el espejo... A veces dices, ¿esta quién es? Hay que tomarse un momentito y recordarse: 'tranquila, dentro de un ratito bajan las hinchazones". Conforme avanza el día, la cosa mejora: "Por la noche ya me puedo ver brutal, ya me acostumbré. Pero al día siguiente, empiezas exactamente el mismo proceso".

Aun así lo tiene claro: "Yo no me retoco porque tengo miedo de no reconocerme. Lo cual debe significar que me gusto mucho. Así que mi relación con la cana, con las arrugas y con los colgajos es de amor y un poquito de odio a veces, un poquito nada más".

A mis 58 años y medio yo sigo ahí, no estoy obsoleta, no he fallecido, y he decidido que yo valgo y que yo existo, que yo soy como a mí me da la gana, es mi decisión

Si no fuera por algún que otro achaque, previsión con la osteoporosis y el cuidado extra en tiempos de pandemia, la edad no sería para Pino más que una cifra en el carnet de identidad. "Tenemos que cuidar a los que están en riesgo. Yo lo hago con mi madre, que está en Canarias. A mi marido, en Suiza, no lo veo desde enero... ¡Yo misma dice mi hija que estoy en riesgo, oh!".

Alguna que otra contraprestación que tiene eso de cumplir años y que la modelo, dice, compensa con una lección que es para ella más importante: "David Bowie dijo una cosa preciosa, que yo lo tomo como si lo hubiese dicho yo. Como persona, el paso del tiempo me ha dado una cosa: encontrar a esa mujer que siempre debía haber sido. Eso es lo bueno que, con un poco de suerte, consigues no lo que quieres, sino lo que necesitas, y lo que yo necesito y posiblemente todo el mundo, es estar a gusto con uno. Eso te lo puede dar la juventud, sí, pero es con la edad cuando vas encontrándolo. Es ahora cuando tú sales, estás cómoda y ya no te preocupan ciertas cosas, sino lo que de verdad es importante".

Cada melena blanca tiene su historia, por eso en Uppers hemos reunido a cuatro perfiles diferentes que nos cuentan cómo es abanderar esta revolución desde su propia experiencia. En este vídeo de aquí arriba puedes ver un resumen de todas ellas. El 21 de diciembre publicamos la primera entrevista, con Carlos Sobera, que ha visto crecer sus canas bajo los focos de plató. Nos contó que a sus 60 años se lo pasa mejor que nunca, que acompañar en tiempos difíciles desde la tele ha sido un regalo y que lo mejor de esta etapa blanca es saborearla junto al "amor de su vida" y sus dos hijas.

El día 28 de diciembre hablamos con Óscar García Blesa. Sus 25 años en la industria de la música como escritor y guionista le dan autoridad para hablar de un idilio que desde aquí compartimos: el de la canas y el rock. Y el 30 de diciembre estrenamos nuestra conversación con Alicia Sánchez 'La Metichara'. Ella nos contará la parte más compleja del proceso: explicar a quien aún no se entera que la cana es alegría y cómo seguir adelante sin que pese la crítica, creyendo en esta transición.

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