De telas de ovejas merinas de Australia o con botones de oro: los trajes de caballero más caros de la historia

  • Los trajes, a no ser que seas ejecutivo, no te los pones cada día, aún así existen modelos con precios estratosféricos al alcance de muy pocos hombres

  • Te mostramos algunos de los trajes más caros que llevan horas de confección con los materiales más delicados

Se suele hablar largo y tendido de los vestidos de las mujeres cuando llega una gala de premios de cine, música o cualquier otra alfombra roja, mientras los hombres y su vestuario quedan en un segundo plano. Sí que es cierto que la mayoría arriesga poco, pero detrás de muchos trajes se esconden pequeños detalles que si se analizan dan para comentar, y mucho. Por lo general ellos buscan comodidad, elegancia y calidad en sus trajes, algo que seguro que consiguen con los trajes más caros, tanto que pueden costar más que un coche o un yate de lujo. ¿Quieres saber de qué materiales están hechos para llegar a tales cifras?

Brioni

La marca es reconocida por ofrecer trajes de gran calidad, además de estar considerada una firma exclusiva que ha llegado a confeccionar trajes para el mismísimo James Bond. Sus trajes no suelen bajar de los 5.000 dólares, pero el más caro de su gama se encuentra entre los 40.000 y los 50.000 dólares. Sus trajes a medida son principalmente conocidos por su alta calidad y por usar materiales de lo más exclusivos que hacen que su valor suba como la espuma y que pocos hombres tengan acceso a vestir de esta marca.

Kiton

El traje más caro de esta marca se llama K-50, diseñado y confeccionado por Enzo D’Orsi. Este traje se hace con telas que se obtienen de ovejas merinas criadas en Australia y Nueva Zelanda, de ahí parte de su exclusividad. Su precio ronda entre los 50.000 y los 60.000 dólares por lo laborioso que es el trabajo de creación de cada prenda, pues cada uno de ellos lleva 50 horas de trabajo detrás para que cada pieza quede perfectamente confeccionada sin ningún tipo de error.

William Westmancott

Este es uno de los sastres más famosos y unas 200 horas fueron las necesarias para confeccionar un traje de unos 64.000 dólares del que primero hizo varias muestras para que el resultado final fuese perfecto y no hubiese equivocación alguna al ser un traje a medida. Esto se debe a que la tela utilizada no es precisamente barata, ya que está tejida en un tradicional molino inglés, por lo que su manipulación debía ser lo más delicada posible.

Dormeuil

Por valor este es el tercer traje más caro al superar los 81.000 dólares. En principio podría parecer un traje más, como pasa con muchos de ellos, pero en los detalles y los materiales se esconde el verdadero valor que lo eleva a ser uno de los trajes más caros del mundo. Su precio no es para menos si se tiene en cuenta que han sido utilizadas un total de seis de las telas más exclusivas del mundo, especialmente la Vanquish II, para confeccionar a la perfección este traje que hará un galán a cualquier caballero.

Alexander Amosu

Este empresario se dedica a ofrecer grandes productos de lujo de altísima calidad, como la Blackberry más cara del mundo que llegó a estar valorada en 250.000€. Pero el mundo de la moda también ha estado entre sus manos con la creación de uno de los trajes más caros ,valorado en poco más de 100.000 dólares. Su precio viene, en parte, por ser un traje a medida, aunque hay que hablar de sus exclusivos materiales, pues está hecho de dos de las lanas más caras del mundo sobre las que se ha dado unos 16.000 puntos a mano sobre el tejido. Por no hablar de los botones de oro y diamantes de 18 quilates.

Stuart Hughes

Se dice que este traje confeccionado por el hombre de los gadgets de lujo es el más caro. Tras convertir un MacBook Air en un verdadero ordenador de lujo al elevar su precio a 228.000€ se lanzó a la moda al crear un traje con lana cachemir y seda que lleva en la solapa y los bolsillos cosidos 480 diamantes, lo que lo eleva a ser, probablemente, el traje más caro de la historia al tener un precio de 599.000 libras, más 730.000€. Unas 600 fueron las horas necesarias para terminar la confección de un traje elegante del que nadie podrá quitar los ojos.