Correr la Iberian Classic Raid primero con tu padre y luego con tu hijo: "Fue muy bonito"

  • Cruzar la península ibérica sobre cuatro ruedas puede unir aún más una familia

  • “Participar con mi padre fue muy bonito. Para mi hijo creo que es más bonito aún”

  • Fiat Panda, Renault 4, Peugeot 205, VW Escarabajo… los “clásicos” protagonistas

Resistencia, regularidad, eco, monomarca, clásicos… la transformación del mundo de los rallies es una realidad, y la velocidad ha dejado de ser, hace mucho tiempo, la principal opción en una competición. De hecho, los eco rallies y las carreras de regularidad con coches entrados en años son una de las opciones más en boga, y también más baratas, para disfrutar de momentos inolvidables en uno de los ámbitos que más nos gustan, los coches y la competición… pero sin tener que correr ni poner la vida en peligro.

Este año, a finales de marzo, se va a celebrar la octava edición del Spain Classic Raid. La pasada edición tuvo salida en Barcelona y final en el Monumento de los descubridores, en Lisboa. 8 etapas en las que se atravesó la península ibérica, con 120 coches en competición – los dorsales se agotan cada año- que deben tener más de 25 años para poder tomar la salida. Los requisitos son muy sencillos: además de la antigüedad, deben tener faldillas traseras, extintor de un kilo y martillo y sierra por si hay que romper cristales o el cinturón de seguridad.

La victoria final se la lleva quien haya sido más regular, completando el recorrido y siempre a una velocidad media inferior a 50 km/h por caminos y carreteras abiertas al tráfico. Participar requiere una inscripción de 1.350 euros, pero se puede hacer alguna etapa suelta, por 250 euros. Tanto éxito ha tenido, que los organizadores han creado también la Iberian Classic Raid, con dos ediciones disputadas ya.

Un protagonista en primera persona y tres generaciones

Puestos en contexto, presentamos aquí a Iván Solera (46 años), periodista y buen amigo del que suscribe, que no ha tenido ningún problema en darnos unas cuantas claves y contarnos su experiencia, tras participar en todas las ediciones salvo en la primera, indicaciones que ayudarán sin duda a los que se animen a liarse la manta a la cabeza y vivir nuevas aventuras.

En las primeras ediciones Iván participó con su padre, Manuel, que ahora cuenta con 72 años. Las últimas, ha sido su hijo Íker, de 17, el que hace de copiloto “y es muy, pero que muy bueno”; asegura. Ha ganado ya una decena de etapas y, claramente, este año desearía poder cogerse vacaciones la semana entera para completar todo el recorrido y luchar por la victoria final. “Estas cosas enganchan”, ya lo creo.

Solera compró un viejo Renault 4, un “zarrio”; como dice él, por apenas mil euros. 400 euros más en piezas y cinco meses de trabajo incesante, dieron sus frutos. “Todos los fines de semana dedicamos tiempo al coche. Le cambiamos un montón de cosas, suspensiones incluidas. Lo subimos al hidráulico, al menos, cien veces. Incuantificable el trabajo realizado, la verdad. A mí me gusta trastear en el coche pero es mi padre el que de verdad le ha echado horas y horas, le encanta”, asegura Iván. “Tratamos de hacer el coche lo más fiable posible, la rapidez no vale aquí, y para eso hay que dedicarle mucho tiempo y esfuerzo, más que dinero”, confirma.

El modelo de coche que participa da un poco igual, pero el más utilizado por los competidores es el Seat Panda. “Es muy fácil de destripar, y sobre todo, hay mucha información en internet de cómo hacerlo. Eso es mucho más importante que el precio o el modelo en sí”, sentencia Iván. “Talbot Samba, Seat 127, Peugeot 205… ves de todo, incluso hay bastante Renault 4 como el mío”. En cualquier caso, la existencia de una conocida competición internacional como el Panda Raid hace que, desde luego, este coche sea el más utilizado.

“Una increíble aventura para mi padre, para mí, y para mi hijo”

Iván habla con igual pasión de Manuel, su padre, como de Íker, su hijo. “Tanto para mi padre como para mí fue como embarcarnos en una aventura y nos tomamos la preparación del coche como un reto y una diversión. Queríamos hacer un coche muy fiable y queríamos hacerlo invirtiendo más tiempo que dinero, así que estuvimos todos los sábados de unos cuantos meses “jugando a los mecánicos” para conseguir tener la suspensión a nuestro gusto… aunque para la siguiente edición que participamos volvimos a modificarla por completo”, cuenta del tirón.

“Participar con mi padre fue muy bonito, compartimos nervios, emociones, alegrías y también algún que otro enfado de esos que duran muy poco. Ahora que participo con mi hijo entiendo que para él es todavía más bonito… y lo sigue siendo, porque en realidad ahora el equipo lo formamos los tres. Aunque en el coche sólo vamos piloto y copiloto, mi padre se encarga junto conmigo de la preparación y mantenimiento del coche antes y después de cada edición, y también nos sigue a diario mirando los tiempos y clasificaciones en internet y esperando nervioso nuestra llamada todas las tardes para contarle cómo ha ido la jornada y cómo se está portando el coche”, sentencia con auténtica pasión en sus palabras.

Mucho Upper en una competición… distinta

Como dijimos al principio, este tipo de competiciones, basadas en la regularidad o en el bajo consumo no requieren una forma física especial, ni ser un as del volante, siempre con el pedal pisado a fondo, de ahí que la edad de los competidores suele ser bastante Upper. “Rara es la pareja de piloto y copiloto que no son padre e hijo, matrimonio, o amigos ya entraditos en años. Siempre te encuentras algún jovenzuelo con ganas de aventura y probar cosas nuevas, pero la mayoría está en los 50 para arriba”, afirma Solera sin titubeos.

Cuando le decimos a Iván que nos cuente una anécdota de la carrera suspira con pesadez: “¿Sólo una?”, exclama. Y es que es raro el día de competición en el que no te pasa algo. “Recuerdo el día que rompí el cable del embrague en Segovia, cerca de Riaza. Tuvimos que ir sin embrague a Madrid, repararlo de noche, toooooooda la noche, y luego salir para Ávila a toda mecha para poder tomar la salida en la siguiente etapa. ¡Una locura!”.

Hay participantes que se gastan un pastizal en poner el coche a punto, pero una simple piedra en el primer kilómetro puede echar al traste en el minuto 1 cualquier expectativa. De igual manera, un 2 Caballos de octava mano casi sacado del desguace, con un par de retoquitos de unos cientos de euros puede ser el próximo ganador de la competición sin ningún problema. La victoria, al alcance de cualquier participante, aún sin preparación, gran aliciente del Spain Classic Raid y todos los rallies similares que proliferan en nuestro país y fuera de nuestras fronteras.

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