Qué alimentos evitar para no envejecer prematuramente por lo que comes

  • Las dietas antiedad no existen, pero sí alimentos que podemos evitar para que el cuerpo se sienta como la edad que tiene

  • No se trata de cambiar nuestra alimentación de golpe, sino de empezar a dar pequeños pasos como leer las etiquetas de los alimentos para entender qué estamos comiendo

  • ¿Sabías que consumimos entre 9 y 12 gramos de sal al día, cuando no deberíamos superar los 5?

Incorporar alimentos a nuestra dieta que nos ayuden a cuidarnos está bien. Muy bien. Nos hemos habituado a ello y cada vez notamos menos resistencia interior cuando se cuela algún ingrediente que no teníamos muy fichado en nuestro menú semanal.

Nos hemos habituado a mejorar lo que comemos, pero no lo hemos hecho tanto a revisar aquellos productos que siempre han estado en nuestra lista de la compra. Llevan ahí, si no desde siempre, tanto tiempo que nos parecen incuestionables y, sin prestarles atención, pueden estar dinamitando nuestros esfuerzos por retrasar los signos del envejecimiento.

No, las dietas antiedad no existen, pero sí una serie de alimentos que podemos dejar en el supermercado para que, entre otras cosas, nuestra piel luzca radiante y nuestro cuerpo se sienta como la edad que tiene. Ni un año más.

Azúcares

El consumo excesivo de azúcar tiene efectos negativos para nuestro organismo ya que, entre otras cosas, acelera la glicación. Al hablar de glicación hablamos de un proceso por el cual la unión de glucosa con proteína genera moléculas llamadas AGE (Advanced Glycation End Products) y que producen oxidación en las células. Se trata de un proceso natural que, con niveles normales de glucosa en sangre, no debería suponer un problema ya que el cuerpo compensaría los daños que provocan las AGE. Ahora bien, cuando esos niveles son altos, la glicación se multiplica y el colágeno de nuestra piel, esa proteína que se encarga de darle firmeza y elasticidad, se ve afectado traduciéndose esto en arrugas y flacidez.

Eso desde un punto de vista estético porque conviene recordar que el consumo excesivo de azúcar está relacionado con caries dental, déficit de vitaminas del complejo B, hipertrigliceridemia, sobrepeso, obesidad y diabetes mellitus, como recogen en el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

De hecho, la Organización Mundial de la Salud recomienda reducir la ingesta de azúcares libres a menos del 10% de la ingesta calórica total. Es más, si esa disminución cayera por debajo del 5% nuestra salud se vería favorecida.

Como explican en Pequeños cambios para comer mejor, un documento elaborado por la Agencia de Salud Pública de Cataluña, los azúcares libres “son aquellos que han sido añadidos a los alimentos y bebidas por el fabricante, cocinero o consumidor, así como los azúcares presentes de manera natural en la miel, jarabes, zumos de fruta y concentrados de fruta para zumos”.

Sal

Consumimos entre 9 y 12 gramos de sal al día, cuando no deberíamos superar los cinco. Son datos de la Organización Mundial de la Salud, que advierte de que la mayoría de las personas toman demasiado sodio a través de la sal, pero no suficiente potasio, lo que contribuye a tener una tensión arterial alta. Además del riesgo de cardiopatía y accidente cerebrovascular asociados a esto, ya hay estudios que indican que los niveles de presión arterial elevados están relacionados con un envejecimiento cerebral acelerado.

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), por su parte, señala que el consumo excesivo de sal puede influir en la osteoporosis. “Tomar mucho cloruro sódico aumenta la excreción de calcio por la orina en mujeres posmenopáusicas, lo cual puede favorecer un agravamiento del cuadro de osteoporosis”.

Resulta especialmente importante entender que esto no va solo de la sal que añades a la comida una vez sentado en la mesa o de la que utilizas para cocinar, va también de toda la que traen incorporada muchos de los productos que acaban en tu cesta de la compra (pan, cereales, tomate frito, aceitunas, salsas, sopas deshidratadas, quesos, embutidos curados…) De ahí la importancia de aprender a leer las etiquetas.

Ultraprocesados

Patatas, snacks, pizzas, salchichas, hamburguesas, bollería, bebidas carbonatadas… Estos alimentos, que están compuestos por múltiples ingredientes desarrollados de modo industrial, podríamos decir que son el combo ganador en cuanto a aglutinar aquellos elementos que hacen que nuestro cuerpo se vaya resintiendo antes de lo que le tocaría por edad: carbohidratos refinados, sal, grasas poco saludables y azúcar.

Eliminarlos de nuestra dieta puede traer consigo, para empezar, reducir el sobrepeso y la obesidad, en caso de que lo hubiera, y las enfermedades asociadas a ellos. Para seguir, nos evitaría acelerar el envejecimiento celular con el que se ha asociado a estos productos.

Ya lo constataron en sus estudios los investigadores del CIBEROBN (Centro de Investigación Biomédica en Red): un alto consumo de ultraprocesados (más de tres raciones al día) “acelera el envejecimiento celular al acortar los telómeros, que son los fragmentos finales de los cromosomas” y los marcadores de edad celular que reflejan el envejecimiento.

Estos telómeros van acortándose de forma natural al envejecer, pero aspectos como una alimentación inadecuada aceleran el proceso.

Alcohol

Mucho se habla del efecto antioxidante que tiene el consumo moderado de alcohol y algo menos de los aspectos negativos que se desprenden de su ingesta desmedida. Beber alcohol en exceso y de forma frecuente, entre otras muchas cosas, puede hacer que nuestro hígado no realice adecuadamente su trabajo de eliminación de toxinas con los consiguientes problemas físicos que de ello pueden derivarse, así como otros estéticos que se pueden traducir en rosácea, acné o arrugas en nuestra piel.

El alcohol causa deshidratación. Cualquiera que haya amanecido una mañana con resaca puede dar fe de ello. Esa deshidratación también se refleja en nuestra piel, que pierde nutrientes, se va resecando y, por consiguiente, luciendo visiblemente desmejorada. El pelo tampoco se queda atrás ante esta falta de agua en el cuerpo y puede llegar a mostrar un aspecto quebradizo y seco.

Además, un estudio de las Universidades de Wisconsin, Pennsylvania y Zúrich, publicado recientemente en Nature Communications, ha demostrado que el consumo continuado de alcohol acelera el envejecimiento y está asociado con cambios en la estructura del cerebro.

Por último, hay que tener en cuenta que la manera en que el alcohol nos afecta va cambiando con los años porque varía la manera en que nuestro cuerpo lo procesa.