Futre repasa su carrera 40 años después de su debut: "El buitre me caía bien, con él podía ir de cañas"

  • Futre es santo y seña del Atlético. Ídolo a finales de los 80, llevó a Jesús Gil a ganar unas elecciones tras firmarle poco menos que un cheque en blanco con casa y Porsche incluídos.

  • El Real Madrid lo dejó escapar una vez y cuando años más tarde volvió a intentar su fichaje fue el propio Paulo el que les rechazó al mirar a los ojos a sus hijos justo antes de firmar el contrato.

  • Se enfrentó cara a cara con Gil en más de una ocasión en los 80 y reconoce entre risas que décadas después engañó a Florentino para que Figo pudiera jugar en el Real Madrid. Genio y figura.

Paulo Futre (1966) no jugó cientos de partidos con la camiseta del Atlético, tampoco ganó la Liga o un título europeo con la rojiblanca, pero su personalidad, su talento y su forma de vivir el club desde el primer minuto hasta el último le convirtieron en una leyenda con mayúsculas para la afición colchonera. Hoy repasa junto a Uppers su carrera cuando se cumplen 40 años desde su debut. El escudo del Atlético está marcado a fuego en su corazón y los derbis en su memoria. 

40 años de su debut

Hace 40 años que debutó en el fútbol profesional. Fue con 17, aunque pudo ser mucho antes pero no estaba permitido… 

¿Cuarenta años ya? Me parece increíble que haya pasado tanto tiempo. De hecho, yo debuté con el primer equipo del Sporting incluso antes, en un amistoso contra un equipo brasileño, la Portuguesa. Entonces tenía sólo 16 años y no me dejaban participar con los profesionales hasta que no estuviera en el último año de juveniles. Recuerdo aquel amistoso perfectamente, pero sobre todo por lo que pasó después. Ese día firmé mi primer autógrafo, algo que jamás había pensado. Recuerdo que firmé con todo mi nombre y que, al día siguiente, mientras esperaba el barco para ir a entrenar, comencé a ensayar una firma mejor y saqué la que sigo haciendo a día de hoy todavía. 

¿Recuerda más su debut por un autógrafo que por el propio partido? 

Sí, porque fue algo simbólico. Yo me quería comer el mundo y todo me pasó muy rápido. El entrenador me quería poner pero estaba prohibido. En agosto debuté contra Peñafiel, pero ya me conocían tanto que en septiembre debuté con la selección absoluta. Fui el portugués más joven en debutar con la selección y aún tengo ese récord. 

Una carrera a toda velocidad.

Sí, todo fue rapidísimo. A los 21 años ya estaba fuera del país en una época en la que casi no salían jugadores de Portugal. En aquel entonces sólo podían jugar dos extranjeros por equipo y era muy raro que apostaran por nosotros. 

Sería raro, pero usted estaba en el radar del Real Madrid, del Barcelona, de la Juventus… 

Sí, es cierto. En esos años muy pocos jugadores portugueses salían y triunfaban fuera. Todos volvían por ‘saudade’. Ellos, entonces, veían algo en mí pero no podían arriesgarse a fallar en una contratación. Esos equipos me entrevistaron y me hicieron test psicológicos sobre cuántos días podía estar fuera de mi país, sin ver a mi madre, sin ir a mi pueblo, sin comer bacalao… Eran preguntas locas. Sólo el Inter fue al tema principal, a negociar, sin preguntas extrañas. Pero entonces aparece Gil y Gil. 

Un momento clave en su carrera. 

Imagina entonces. Hoy en día hay internet, pero entonces sabíamos muy poco sobre las cosas de fuera… y sobre él, nada. Sólo era un candidato a la presidencia del Atlético. Yo estaba en el Mundial de clubes en Milán y apareció en el hotel donde estábamos alojados. Iba con muchísima seguridad, la camisa abierta, collares de oro colgando… Yo le decía al presi (Pinto da Costa): “Presi, ¿seguro que es este hombre?”. 

Era todo un personaje. 

Así es, de hecho vino a ficharme y ni me conocía. Me reconoció porque iba con el chándal del Oporto y con unas chanclas que ponían mi nombre. Las vio y me dijo: “Así que tú eres Futre eh”. 

Rumbo a Madrid

Y unas horas después estaba en su avión privado rumbo a Madrid. 

Tal cual. Aquello era otra época. Habíamos llegado a un acuerdo con el Inter después de unas negociaciones muy complicadas, con una lira para aquí y una para allá. Pero con Jesús fue muy fácil. Preguntó al Oporto cuánto quería, lo apuntó. Me preguntó a mí, lo apuntó y dijo, “ok, adelante”. No dijo que no a nada e incluso fue él quien me ofreció la casa con piscina, el coche y todo lo que hubiera querido. 

Pero eso era extraño. 

Sí, mucho, pero llegamos a un acuerdo rápido y él dijo que nos íbamos a Madrid porque le teníamos que ayudar a ganar las elecciones. Fue entonces cuando me entró alguna duda. Ya en el avión privado de Jesús, hay un momento en el que se queda dormido, y yo le pregunté a Pinto da Costa si estábamos haciendo las cosas correctas. Teníamos al Inter seguro y nos habíamos ido con un tipo que ni siquiera sabíamos si iba a ganar las elecciones. Entonces desperté a Jesús y le dije: “Mañana quiero el Porsche. Si no tengo el Porsche mañana, me vuelvo a Italia con el equipo y firmo por el Inter”. Él me dijo que estuviera tranquilo y al día siguiente me llevó a la tienda de Porsche. No había ninguno disponible para entrega, pero él consiguió que me llevaran a la parte de atrás y me ofrecieran el único que tenían. 

El amarillo… 

Sí, el amarillo. Jamás había visto un coche amarillo en Portugal. Y menos un Porsche. Yo dudaba pero él me decía: “Joder, Pablo, el coche es muy guapo”. Y me lo quedé. Pero hasta que no llegué a España a jugar no supe que el amarillo era el color de la mala suerte en ese país.  

Y además, discreto no era. 

Cierto. Yo no podía andar con ese coche por Madrid. Todo el mundo sabía quién era. Y menos luego con Luis Aragonés, que probablemente era el español que más odiaba el color amarillo. Cuando llegó al club tuve que pintar el coche de rojo. 

Gil, en cualquier caso, nunca habría sido lo que fue sin usted. 

Él siempre decía que conmigo había ganado por KO, pero que sin mí habría ganado a los puntos. Era un auténtico fenómeno y se le echa mucho de menos. 

Era una persona a la que era complicado decir que no, pero usted lo hizo varias veces. 

Yo creo que me gané la admiración de los colchoneros y de los españoles en general porque en el 88 Jesús Gil era la persona a la que ningún español hubiera querido tener de enemigo. Daba miedo, cuando estaba enfadado era terrorífico. Por eso la gente me admiraba cuando, con 22 años, salí en defensa de Arteche. Él le despidió y empezó a decir barbaridades y yo salí a decir que todo era mentira. Yo sabía la guerra que estaba comenzando por ir contra él. 

No fue la única vez. También le plantó cara con la renovación de Aguilera cuando le habían detectado un cáncer. 

Sí, eso sucedió más tarde. Siempre salí en defensa de mis compañeros aunque, por ejemplo, Arteche ni siquiera estaba en el club. Eso me dio fuerza tanto en el vestuario como a nivel general. Era un niño de 21 años, portugués, empleado suyo y me había enfrentado a la fiera. 

¿Qué pensarían al ver eso los que pensaban que no iba a tener carácter y le descartaron? 

Pues no lo sé, pero la prensa salió en aquella época a decir que el Barcelona no me había contratado sólo por ser portugués, que si hubiera sido holandés o francés no habrían tenido dudas. Yo les entiendo un poco porque los portugueses no habíamos triunfado nunca. A partir de mí se abrieron las puertas a otros portugueses como Sousa, Rui Costa, Figo y otros muchos. 

A Figo no sólo le abrió esa puerta. Con el Madrid también tuvo algo que ver. 

Bueno, eso sucedió más tarde. Fue de película. No fue fácil lo que hice con Florentino. Para él Figo era todo o nada y la realidad es que el fichaje se hizo gracias a una mentira. Yo fingí que hablaba con Veiga (representante de Figo) a pesar de que él me había colgado el teléfono. Luego le dije a Florentino que tendría que pagar una comisión si quería hacer la operación, algo que era mentira, pero accedió. A partir de ese momento todo comenzó a cerrarse. 

¿Cómo sería Futre ahora?

¿Usted cree que el Paulo Futre de los 80 podría triunfar ahora? 

Yo creo que sí. Ahora es todo mucho más fácil para un delantero. Los que jugamos en los 80 y los 90 somos los responsables de que ahora se proteja más a los jugadores. Entonces no se sacaban rojas como ahora. Yo sabía que en los cinco primeros minutos de los partidos fuera de casa me iban a intentar hacer una entrada para romperme y mandarme al hospital porque ahí no iba a haber ni amarilla. En el Calderón era diferente, pero fuera nunca recibía de espaldas a portería en los primeros minutos de los partidos. En mi época los buenos recibíamos muchas patadas y por eso empezaron a regularlo con tarjetas. 

¿Qué opina cuando escucha que hay que proteger a tal o cual futbolista del juego violento? 

Hay que hacerlo. El fútbol ha cambiado mucho. En mi época habrían recibido mucho más. Y lo habrían tenido más complicado porque entonces se cubría hombre a hombre, algo que ahora es impensable. A mí siempre me cubrían hombre a hombre y así es difícil para el delantero. Me seguían los defensas hasta el vestuario. Incluso llegaba a aburrirme, en los campos pequeños, con el césped casi siempre mal apenas tocaba el balón. 

El fútbol ha cambiado mucho y la rivalidad con el Real Madrid también. Se ha enfriado a pesar de que de vez en cuando se ven cosas denunciables. 

Sin duda, porque hay muchos más partidos entre ellos. Todo está más tranquilo y eso es bueno porque entonces los derbis eran los derbis de la muerte, había batallas campales, heridos y de todo. Los partidos duraban un mes, era una locura, los presidentes además eran muy forofos y lo incendiaban todo. Yo el partido antes del derbi no lo vivía, ya tenía al Madrid en mi cabeza. 

Su rivalidad con Buitre

¿Se podía tener amigos en el Real Madrid en aquella época? 

Amigos, no. Seguro, aunque nos respetábamos. Antes de cada derbi hacíamos siempre reportajes en la prensa y nos juntábamos los de los dos equipos. El Buitre, que era su gran figura, y yo estábamos siempre y él me caía muy bien. Con él sí me iba a tomar unas cervezas sin ningún problema. Era respetable, un señor, un caballero. A algunos de los demás les tenía cierta manía, pero nada como a Buyo. 

¿Era su mayor enemigo? 

Sí, enemigo, enemigo. Con él siempre había dos espectáculos. La gente veía el derbi normal y un segundo derbi de circo conmigo y con Paco porque siempre estábamos hablando, insultándonos, provocándonos, pegándonos… Era una locura. La gente pensaba que si no veía buen fútbol, al menos veía nuestro derbi particular. 

Esa rivalidad se vivía, por aquel entonces, casi en vivo en las radios, con García y De la Morena. 

Era terrorífico. Al principio sólo estaba García, que era el más fuerte y controlaba todo. Era una presión tremenda y si iba a por ti, iba de verdad.  

A él también era difícil decirle que no. 

Claro. Tenía mucha fuerza. Pero cuando empezó a tener competencia yo recuerdo que en mi casa metía a los tres o cuatro reporteros de las radios y se peleaban por ver con quién hablaba primero. Pero peleándose de verdad por tener la exclusiva. Yo, para no tener problemas con ellos, les dejaba entrar en casa y les decía que se pusieran de acuerdo entre ellos pero era imposible. 

Momentos inolvidables

Vayamos al 92, al Bernabéu. ¡Qué momento esa Copa conquistada con el Atlético! 

Siempre digo que a nivel de alegría y felicidad extrema es igual esa Copa del Rey que cuando fui campeón de Europa con el Oporto. Es obvio que no a nivel de prestigio pero a nivel personal, sí. Para mí fue como una Champions por la rivalidad que había con el Real Madrid, por el escenario, por todo. Aquel partido era el segundo que se daba en directo por televisión en Portugal y era muy especial que me vieran todos mis compatriotas. También me hacía ilusión que estuviera el Rey presente, que había vivido en mi país. Creo que para la afición de aquella generación fue más que una Champions. Todavía me paran por la calle para decirme que estaban aquella noche allí. 

Son días inolvidables en una carrera. 

Siempre digo que no cambio aquello por una Champions. Si me dices que ganábamos la Champions contra el United o el Leverkusen en vez de ganar esa Copa contra el Madrid, no lo habría cambiado. Nunca he sentido nada como aquel día. Cuando marqué sentía que se me salían las venas, entré en otro mundo. Nunca sentiré nada igual en mi vida. 

Y sólo unos meses después se tuvo que ir del Atlético por la puerta de atrás, ¿le hubiera gustado que hubiera sido de otra manera o haber continuado? 

Claro que sí. Yo era feliz en el Atlético y mi familia era feliz en Madrid, pero el presi me dijo que no tenía otra opción más que venderme. En aquella época el Atlético funcionaba así: si Jesús vendía pisos, podía pagarnos, si no vendía, el club sufría y no cobrábamos ni los jugadores ni los empleados ni nadie. Yo creo que por entonces el club estaba embargado o casi. 

¿Venderle era la única salida?  

Eso me dijo Gil. Además, era el primer año que el mercado de invierno se abría para que los extranjeros pudieran volver a su país. No me podía ir a Italia o Inglaterra, pero sí volver a mi país. Entonces me dijo Gil que costaría 600 millones y yo le dije que estaba loco, que nadie iba a pagar eso en Portugal. Ni los tres grandes juntos iban a tener ese dinero. 

¿Cómo lo hicieron? 

Fingimos una pelea. Una más. Era algo normal. Entonces aparecieron el Sporting y el Benfica preguntando por mí y yo llegué a un acuerdo con el Sporting, pero, cuando tuvimos que ir a Marbella con el talón, no aparecieron. Fallaron y eran como las tres de la tarde cuando nos llamó el Benfica, a los que habíamos dicho que no antes. 

Se abría de nuevo la esperanza. 

¡Qué va! Eran 600 millones de pesetas en cash. No había tanto dinero en todo Portugal. Era imposible. Yo desconfiaba de todo pero terminamos firmando y, a los dos días, estaba viendo el telediario y la presentadora lo terminó diciendo que después hablaría el presidente para mandar un mensaje a todos los portugueses. Algo como lo que sucede en Navidad. No sabíamos qué pasaba. 

¿Y era por usted? 

Salió y dijo que había dimitido toda la RTP (Radio Televisión Portuguesa) por culpa del traspaso de Paulo Futre del Atlético al Benfica. La RTP tenía los derechos de la Liga de Portugal y del Benfica y con mi llegada les había pedido por adelantado el dinero de los diez siguientes años y lo habían pagado. Yo sólo pensaba en el lío que se había organizado y me sentía culpable porque había gente que se había ido al paro por mi culpa. Era un escándalo pero sólo así un club portugués podía pagar esa cantidad de dinero. 

Meses después, y con otro traspaso de por medio, esta vez al Olympique de Marsella, vuelve a aparecer el Madrid en su vida. 

Había firmado por el Marsella, que era un equipazo, campeón de Europa. Tenía a Völler, Di Meco, Deschamps, Desailly, Barthez… Y un mes después de llegar salta un tema de corrupción, que habían comprado un partido y habían pillado incluso a un jugador con el dinero enterrado en el jardín. Era como una película de terror para mí porque nos echaron de todas las competiciones europeas, iban a descender al equipo y, claro, me dijeron que tenía que salir. En aquel mercado de invierno los extranjeros ya podíamos ir a cualquier liga, no sólo volver a nuestro país, pero casi todos los grandes ya tenían sus tres extranjeros.  

Es entonces cuando aparece el Madrid y me lo planteo por culpa de mi ego, aunque era algo muy complicado porque yo tenía una cláusula firmada con el Atlético para no poder ir ni al Real Madrid ni al Barcelona. Si quería ir a esos clubes tenía que pagar una locura. Entonces, cuando me llaman, hablo con Gil y le digo que si está dispuesto a hablar o ni les atiendo. Y él me dice que sí, que, aunque no estaba bien con Mendoza, que hacía las paces y llegaba a un acuerdo.  

Unos días después me llamó por teléfono y me dijo que podía empezar a negociar, que le iban a pagar esa cláusula, así que estamos varias semanas negociando y llegamos a un acuerdo, pero cuando vinieron para firmar, fui al baño con mis hijos, les miré a la cara y pensé que una cosa era mi ego y otra distinta mi familia y no podía hacerles eso. Yo había sido el capitán del Atlético y no podía ir a jugar al Real Madrid así que regresé a la reunión, les pedí perdón por no firmar y, lógicamente, se fueron muy cabreados conmigo. 

¿Qué otras opciones tenía? 

No tenía dónde ir y terminé en la Reggiana. Pasaba del campeón de Europa al último de la liga italiana. Fui recibido como un héroe. Allí pasé dos años malos por las lesiones y salí al Milan, después al West Ham, al Atlético de nuevo y a Japón, al Yokohama. 

Un trotamundos al final. 

Sí, es que desde que me lesioné en la rodilla ya no volví a ser el mismo nunca más. Fue una lesión gravísima, que me obligó a operarme del rotuliano tres veces en dos años y medio. Nada volvió a ser igual. 

Una vez retirado ha probado de todo.

Sí, he probado de todo. Cuando me retiré empecé a ser una especie de broker del fútbol porque tenía muchos contactos entre jugadores, agentes y clubes. Después volví al Atlético como director deportivo, en el 2000, en el peor año de la historia del club. Más tarde empecé a colaborar con Marca y a salir en Telemadrid por hacer un favor a un periodista amigo… y la tele me enganchó. 

Al día siguiente del primer programa me llamó Miguel Rubio, que era el jefe de deportes y un gran amigo, y me dijo: “Portugués, ¡ganamos!”. Yo no entendía nada. ¿Cómo que ganamos? Se refería a la audiencia y eso me hizo despertar mi lado competitivo de nuevo hasta el punto de que nunca más dejé la tele. Ahora no puedo vivir sin la tele. 

También ha sido actor, ¿es más difícil preparar un papel o un partido? 

Preparar un papel es complicadísimo. Yo estudiaba y ensayaba durante el fin de semana, pero cuando llegaba a la escena me costaba. Tenía que concentrarme mucho en cuándo me tocaba hablar y hacerlo bien. Me enseñaron a no estar atento a nada más que a la última palabra de cada actor para saber cuándo me tocaba a mí. Es un mundo que me encantó pero me ayudó bastante hacer casi siempre de mí mismo. 

Le veo muy bien pero quiero que me confirme que está a tope después de los problemas de corazón que sufrió el pasado verano. 

Sí, estoy muy bien. Ese partido lo hemos ganado. Fue un susto tremendo que me ha hecho cambiar muchas cosas de mi vida para mejor. Me siento bien, estoy fuerte. 

¿Qué tiene en mente ahora? ¿Algún proyecto? 

Uno siempre tiene cosas en mente, muchos objetivos. Tengo un gran sueño que no puedo decir ahora, pero siempre hay cosas que hacer. 

¿Volver al Atlético está entre sus objetivos? 

Ojalá. Me encantaría regresar de alguna manera al Atlético dentro de algunos años. Es increíble el amor que hay con ese club. Siempre digo que han pasado muchos cracks por allí pero yo debía hacer algo más para que me tengan tanto cariño generación tras generación. Yo lo dejé todo por esa camiseta y me sentí un colchonero como el que más. Soy portugués pero no admito que ni un niño me diga que es más del Atlético que yo.  

Siempre me dicen que si hubiera ido al Barcelona, al Real Madrid o a la Juventus habría podido ganar cuatro o cinco balones de oro, pero la realidad es que el cariño que siento por parte de la gente del Atlético no hay balón de oro que lo iguale.