Cómo lidiar con el duelo por la muerte de un padre: "El mundo cambia para bien porque te replanteas la vida"

  • Richard Gere se ha despedido de su padre, fallecido a los 100 años, roto de dolor: ¿qué duelo le espera?

  • Lara Ferreiro, psicóloga: "Tenemos la fantasía de que nuestros padres van a vivir siempre; siempre van a estar ahí"

  • "Cada persona es única, no se pueden comparar los duelos; pero si no se atraviesan, se enquistan y pueden somatizar"

Roto de dolor, Richard Gere se ha despedido de su padre, fallecido a los 100 años. El actor, que hace unas semanas tuvo que ser hospitalizado por una neumonía mientras celebraba el cumpleaños de su mujer en México, llora la pérdida de Homer George Gere, a quien estaba muy unido y con el que compartía la misma faceta solidaria. Juntos habían llegado a aparecer en anuncios de la organización Meals on Wheels. La española Alejandra Silva, la mujer del protagonista de 'Pretty Woman', recuerda ahora a este hombre que tanto ayudó a los demás durante toda su vida.

Richard Gere es conocido en todo el mundo tanto por ser uno de los actores más famosos del mundo como por sus simpatías hacia el budismo, una religión en la que la aceptación lo es todo. Sin embargo, según parece, está profundamente afectado por la pérdida de su padre.

¿Por qué nos afecta tanto?

"Nuestro padre es nuestra principal conexión con el mundo. Aunque tengamos hijos, amigos o una red social, el padre es nuestro vínculo, nuestras raíces. Perder al padre o a la madre es perder una de las figuras más importantes de nuestro mundo. Se dice que cuando muere nuestro padre, una parte de nosotros muere también, queda huérfana. Aunque sea ley de vida, aunque lo entendamos, tenemos la fantasía de que los padres son eternos, van a estar ahí para siempre, y, en realidad, no. De ahí, la importancia de estar con ellos", explica la psicóloga Lara Ferreiro, también terapeuta de pareja y autora del libro 'Adicta a un gilipollas'.

Perder la figura paterna nos sitúa en otro estadio de nuestro entorno vital. "Implica que tú también te haces mayor. Es uno de los golpes más fuertes de la vida. Si te llevas muy bien y tienes buena relación, vas a llevar mucho mejor el duelo. Si te llevas mal y la relación es muy fría, eso puede hacer que el dolor dure más, te genera más frustración porque ni siquiera has podido resolverlo en vida", asegura la experta, quien establece varios tipos de duelo: el doloroso sería el habitual; le seguiría el frío-ausente, el crónico, el retrasado y el exagerado. Cada uno de estos duelos puede tener un curso distinto, y si coincide con otro momento traumático de la vida, pueden ser doblemente dolorosos. ¿A qué nos enfrentamos?

El momento del balance

Cuando nuestros padres fallecen nos enfrentamos a un ajuste de cuentas vital no siempre deseado. "La muerte de nuestros padres nos lleva a hacer un balance de todo lo que hemos vivido, nos da una sensación de desarraigo que ocurre de manera real. Aunque es un duelo natural, es uno de los más duros. Va a generar reacciones intensas. Atravesar ese duelo puede durar un año porque hay que pasar por situaciones dolorosas: mi cumpleaños sin mi padre, el síndrome de la silla vacía en Navidad... Hay que gestionar un duelo que duele en el alma", advierte la psicóloga.

Como en otros ámbitos de la vida, también hay excepciones que dependen del tipo de duelo ya descrito. "En terapia he visto personas que me han dicho que no es una pérdida tan significativa; por ejemplo, en casos en los que el padre había rehecho su vida lejos de su primera familia. Ahí, el padre es una figura simbólica. Estas personas tienen un 'duelo frío'. Asumimos que a todo el mundo el duele mucho, pero cuando ha habido un padre desarraigado, no es un padre que da cariño, sino un progenitor, el duelo no se siente igual", explica Ferreiro.

¿Podemos aprender algo?

"Unas veces se gana y otras se aprende", se dice en el mundo de los negocios cuando las apuestas empresariales no salen bien. Aplicado a la vida personal, los momentos dolorosos son una gran escuela de aprendizaje. Este varía en función del tipo de duelo y de la fase en la que nos encontremos. "La primera fase es el shock, sobre todo si no te has podido despedir de él. La segunda es la fase de la ira, muy importante si hay asuntos pendientes que no se han podido resolver o si hay culpa, por ejemplo, si no se ha podido cuidar del padre. Después viene la aceptación, cuando asumimos que la pérdida es irreversible; después, el perdón y la superación", señala la psicóloga.

Generalmente, las dos primeras etapas son las conflictivas. En la tercera, comienza el aprendizaje. "En la etapa de aceptación, hay que asumir que esa persona se ha ido, pero que siempre vivirá en nuestro corazón. Mucha gente 'habla' con su padre a nivel simbólico. El otro día le dije a una paciente que iba a sentir a su padre más cerca que nunca. Y lo sintió así. Ahora quiere vivir por él, ha desarrollado una capacidad de resiliencia en la que siente que tiene que vivir por los dos, lo ha canalizado a través de una vida en la que hay que darlo todo porque en cualquier momento se puede acabar", argumenta la experta, quien también habla de nuevas perspectivas: "Puede haber un cambio de prioridades en la vida. Por ejemplo, gente que le daba toda la importancia al trabajo, empieza a dársela a la familia. Hay, de hecho, familias que se unen más en el duelo".

La importancia del ritual

Elisabeth Kübler-Ross, la psicóloga que desarrolló las distintas fases del duelo, también aporta un concepto importantes: darle su espacio. Lara Ferreiro está de acuerdo con esta experta: "Hay que dar espacio para llorar, para poder mostrar el duelo. Hay que llorar la tristeza", confirma antes de centrarse en el significado de los rituales: "Es importante hacer una despedida simbólica, si no has podido despedirte: escribirle una carta o leer unas palabras en su funeral. Hay personas que incluso van al cementerio a hablar con él. Es importante sanar y pasar todas las fases del duelo, sabiendo que hay que transitarlo, forma parte de la vida. No vivirlo hace que se enquiste y, desde ahí, podemos somatizarlo".

Si conseguimos hacer bien ese viaje a través del duelo, paradójicamente, podremos mejorar algunos aspectos de nuestra vida. "En muchos casos es bueno hacer una lista de prioridades: cuidar tu salud, de ti mismo y de los tuyos. El mundo cambia para bien porque te das cuenta de que tienes que replantear las relaciones familiares. Y también puede llegar el momento del autocuidado: cuidarse, por ejemplo, hacer deporte para generar las endorfinas que no se van a generar de manera natural", señala esta profesional.

¿Cuándo ir a terapia?

La duración habitual de un duelo es de un año. Comienza con un dolor emocional intenso que va disminuyendo con el tiempo, aunque se active en momentos o circunstancias claves.

Teniendo claro que hay que vivirlo de manera orgánica, como una fase más de la vida, Ferreiro estima que seis meses es el periodo en el que tenemos que comprobar si avanzamos o está resultando una experiencia incapacitante: ¿nos deja dormir? ¿Nos quita las ganas de comer o de realizar nuestras actividades favoritas? En cualquier caso, no siempre el tiempo es importante: "Si el duelo es frío o ausente, en el que se ha evitado sufrir, puede ser que se active más tarde. Cada persona es única, los duelos no pueden compararse, pero sí hay que pasar por esas emociones. Hay que ver la herida y trabajar lo que duela", concluye Ferreiro.

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