Te estás fastidiando la vida, olvídate de tu mejor versión: "No deja espacio para descubrirte"

  • El psicólogo Buenaventura del Charco se enfrenta a los gurús de la felicidad en 'Te estás jodiendo la vida. Olvídate de tu mejor versión y sé tú mismo'

  • El psicoterapeuta desgrana como lograr la mejor versión de nosotros mismos es inalcanzable porque socialmente lo logrado nunca será suficiente

  • "El aumento de los problemas de salud mental coincide con el arraigo de este tipo de mensajes en la sociedad", apunta

Buscar nuestra mejor versión. Esa es la idea con la que siempre hemos crecido. Con el objetivo de mejorar, de ponernos nuevos retos y objetivos. Un camino que, pese a parecer el correcto, realmente es uno lleno de toxicidad que, más que beneficios, nos trae problemas. Esto es lo que defiende el psicólogo Buenaventura del Charco Olea en su nuevo libro 'Te estás jodiendo la vida. Olvídate de tu mejor versión y sé tú mismo' (Ediciones Martínez Roca). Un libro en el que se enfrenta directamente a los gurús que venden que solo alcanzando objetivos se llegará a alcanzar la felicidad.

Un constante búsqueda de nuestra mejor versión que nos vemos forzados a alcanzar porque nunca es suficiente y acabamos exigiéndonos más de lo que deberíamos llegando a generar estrés, depresión, ansiedad o frustraciones por no llegar a lo que se supone que la sociedad, y nosotros mismos, esperamos.

Nuestra mejor versión y el peligro

¿Qué es tu mejor versión?

Creo que esa es una de las grandes preguntas. Nos han vendido (y hemos aceptado sin cuestionarnos) que nuestra mejor versión es la más productiva y la que consigue más objetivos o la que más gusta a los demás, ¿por qué importan más criterios externos que el propio? ¿Por qué la mejor versión no es la más descansada, la que más se acepta y está en paz consigo mismo, la que menos necesita o la más libre o genuina? Además, creo que la idea de “mejor” es inalcanzable, porque incluso cuando llegas a una meta, siempre podrías ir otro paso más allá, lo que nos condena a la insatisfacción con nosotros mismos permanente 

¿Por qué ‘está jodiendo la vida’ buscar la mejor versión? 

Porque promueve una relación con nosotros mismos en la que nos convertimos en nuestro juez y verdugo más cruel, intentando llegar a una exigencia perfeccionista que nunca se conforma con nada. Nos condena al estrés crónico, al cansancio de vivir toda la vida dándonos caña, a la ansiedad del miedo a no ser suficiente o no estar haciéndolo bien, a vivir bajo examen evaluándonos continuamente, a obligarnos a hacer cosas, la frustración de no llegar a todo o de nunca estar satisfechos, a dejar de disfrutar de las cosas porque las convertimos todas en un objetivo, a poner el foco y el tiempo en los logros individuales frente a cuidar y disfrutar de nuestros vínculos, a la mentira del postureo, a vivir en un mundo mental obsesivo y rumiante de lo que hemos hecho mal o de lo que tenemos que hacer… La lista podría continuar durante páginas, pero creo que es fácil entender que con todas estas cosas, es normal acabar deprimido, con ansiedad, vacío existencial u otro tipo de problema psicológico. El aumento de los problemas de salud mental coincide con el arraigo de este tipo de mensajes en la sociedad. 

¿Cómo se puede cambiar esto a partir de los 50, tras toda la vida interiorizándolo? 

Lo primero que hemos de hacer es tomar consciencia de este mensaje y de la caña que nos damos. Solamente con eso ya empezamos a poder salir de esta dinámica que hacemos en piloto automático. 

Después, la clave sería centrarnos en el dolor que nos genera nuestra obsesión con mejorar: el cansancio, el estrés, la insatisfacción, la vergüenza y la culpa… Y creo que la otra gran amar es analizar, tomar consciencia, en si nos estamos tratando bien: cómo nos hace sentir esa autocrítica continua, cómo nos hablamos con una crueldad ante nuestros problemas y fallos, por qué somos más amables y permisivos con los errores de los demás y no con los nuestros… 

Nos tratamos de una forma muy cruel sin darnos cuenta, por eso hacer consciente el dolor que nos genera, ayuda a que nuestra mente diga: “oye, esto no me viene nada bien” o “¿cómo soy tan cruel conmigo?” y ese sentimiento de malestar, de dolor o indignación hace que esos mecanismos pierdan fuerza y podamos tratarnos mejor. 

Lo que se espera de nosotros

¿Se trata de ser lo que los demás esperan de nosotros más que lo que nosotros deseamos? 

Los demás y nosotros mismos. Hemos interiorizado esa lista de exigencias, básicamente por el miedo al rechazo. Esto es una tendencia biológica del ser humano (en la prehistoria si te echaban de la tribu porque no gustabas te morías) que actualmente la cultura ha fomentado con las redes sociales y su continua aprobación a través de los “me gusta”, la creación de etiquetas banales como “persona tóxica o vitamina”, ponernos todo el rato cánones sobre cómo debe ser nuestro cuerpo, nuestro ocio, nuestra ropa y un sinfín. 

Vivimos en un síndrome de Estocolmo en el que hemos acabado dándole la razón a nuestros secuestradores, queriendo recibir su aprobación. 

También puede ser que exista un nivel de autoexigencia muy grande, ¿cómo se lucha ante eso? 

Es algo imposible de satisfacer. Creo que lo he explicado anteriormente: darse cuenta de todo lo que nos exigimos en todas las áreas, no solo el trabajo (ocio, salud, aspecto físico, moral…) y del impacto que tiene en nosotros toda la caña que nos damos, todo lo que fustigamos al caballo (que también somos nosotros) para tratar de llegar a esas metas. 

Cuando nos ponemos metas u objetivos, ¿no es algo similar a buscar una mejor versión? 

Exacto. Nos dicen que nuestro valor como personas, la felicidad y autoestima depende de conseguir esos logros. Y yo digo que eso es cruel e inhumano, porque las personas no valemos por lo que producimos o si somos delgados o feos, sino por nuestra propia humanidad. Se puede tener objetivos de manera sana, pero eso solo es así cuando queremos conseguir algo por algún motivo, no porque “los necesitamos” o “dependemos de ello” para sentirnos bien con nosotros mismos o amarnos. Igual que no quieres más a tu padre si pierde unos kilos o gana más dinero, no deberías amarte más a menos a ti por ello. 

¿Esa mejor versión significa ser nosotros mismos o nos aleja de lo que somos? 

Claro, porque pienso tanto en llegar al objetivo, a ese “yo ideal” que veo en la tele o en redes, que no queda espacio para descubrirme realmente. Estamos en lo que queremos ser, no en entender y conocer lo que somos. Además ese miedo a no ser suficiente, hace que tapemos nuestra parte débil y fea, porque tememos que no guste, lo que nos impide entenderla y poder darle amor, que es la que más la necesita. De ahí esa sensación cada vez más frecuente de estar jodido, triste o sentirnos vacíos, de no verle sentido a las cosas y no entender por qué. 

Alcanzar la felicidad

¿Se es feliz cuando se busca la mejor versión? 

Creo que es profundamente incompatible. La felicidad no es un objetivo, es el resultado de vivir una vida en la que estamos en paz y satisfechos con lo que somos, con nuestra forma de comportarnos. Cuando alcanzamos una meta, cuando gustamos, tenemos un “chute” de alegría, validación, ego o ilusión (lo cual no es malo en sí mismo, a nadie le amarga un dulce) pero eso se va rápido y ya, esclavos, necesitamos conseguir otra cosa para tener otra dosis, y desde luego, eso no es felicidad real. 

¿Y se puede ser feliz sin ser nuestra mejor versión? 

Pues como han hecho nuestros padres, abuelos, y todas las generaciones de la historia de la humanidad. Vivir una vida con sentido, basada en lo que es realmente importante para nosotros y sobre todo aprender a amarnos a pesar de nuestras mierdas. Que nuestro dolor no nos sea indiferente y pelear por nosotros cuando es necesario sin caer en el autoabandono (que es algo a lo que nos lleva esta dinámica, ya que en un momento dado, el cansancio o la frustración hace que “nos pongamos en huelga” al saber que nunca vamos a llegar o que, como nos sentimos inválidos, no tiene sentido esforzarse por algo que no tiene valor).

¿Cómo podemos saber qué es lo que realmente nos hace felices? 

Porque tienes emociones, tu cuerpo te habla. Solo es cuestión de escucharlas. Es esa sensación de satisfacción profunda y de emocionarte (que se te salten las lágrimas o corte la voz es un buen indicador) cuando piensas o haces o estás con aquello que te hace feliz: lo que quieres a tu pareja, mirar a tu hijo jugar, la sensación de poder ser tú y relajarte con un amigo… 

¿Qué consecuencias negativas tiene sobre nosotros esa búsqueda de la mejor versión que nos venden? 

Haciendo una lista: depresión, ansiedad, la obsesividad, el descontrol que crea nuestro cuerpo y más tipos de problemas de salud mental o simplemente, un profundo vacío existencial porque todo es superficial y nada nos llena, una insatisfacción continua con lo que tenemos y somos. 

¿Cómo podemos darle la vuelta y aceptarnos tal y como somos ahora, la versión actual? 

Pensar en si a esa parte que está jodida queremos darle más caña y esconderla, ponerle una mordaza a la parte de nosotros que sufre porque siempre le tratamos mal o queremos darle un abrazo y acogerla. Pensar en si trataríamos así a cualquier otro ser querido, en por qué aceptamos los fallos de los demás y aun así los queremos y tratamos bien y a nosotros no. Conquistar la aceptación incondicional es un proceso complejo, mi libro da algunas pistas para ello, pero es un camino que requiere esfuerzo, consciencia y sensibilidad interna, y muchas veces para ello es imprescindible la psicoterapia. 

¿Por qué parece que nunca llegamos a estar satisfechos con nosotros mismos, con nuestros logros? 

Porque siempre podríamos ser mejores, porque cuando estás contento con algo, tu cuerpo por ejemplo, entras en redes y te comparas inconscientemente con 50 personas (que encima están postureando) en 10 minutos y claro, siempre serán mejor que tú en algo o porque los medios de comunicación te ponen algo idealizado, imposible de alcanzar o la psicología barata actual y el mundo del pensamiento positivo te hacer sentir mal porque no estás haciendo bien alguna cosa: no logras tus metas, no te cuidas lo suficiente, no sabes hacer no se qué técnica para ser feliz… El consumismo se basa en crearnos necesidades.