Y Leo Classen habló: la historia del cuarto triángulo rosa, el libro que condena el holocausto

  • El escritor Carlos Valdivia publica, en exclusiva para Uppers, un fragmento de su libro 'Y Leo Classen habló', un testimonio de un homosexual torturado y maltratado en los campos de concentración nazis

  • Esta semana ha sido el día en Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto

  • "Se trataba de conseguir la solución final al 'problema homosexual' reuniendo a estos parias en un comando de exterminio y torturándolos lentamente con una crueldad sádica e inconcebible"

En 2018, tras una visita a una exposición sobre Auschwitz con mis amigos, comencé una investigación sobre Leo Classen, un superviviente homosexual del Holocausto del que no había rastro en ningún libro sobre el tema. Tan solo se mencionaba en el pie de página de un libro en inglés. En esta nota se indicaba que Classen había escrito unos artículos entre 1954 y 1955 sobre su paso por el campo de Sachsenhausen. Esta "invisibilidad" llamó mi atención y, con la ayuda de una amiga alemana, me puse en contacto con varios archivos y bibliotecas de Alemania.

Hubo varias respuestas negativas antes de recibir el sí de la biblioteca de Hamburgo: tenían los artículos y podían facilitarnos una copia. Tras dos años de edición y traducción, esos textos por fin ven la luz en Y Leo Classen habló, primer testimonio de un triángulo rosa, publicado por la editorial Egales.

Hasta ahora eran solo tres los testimonios de hombres homosexuales que habían sobrevivido al Holocausto: Josef Kohout, Pierre Seel y Rudolf Brazda. Testimonios que, sin embargo, tardaron casi tres décadas en ver la luz y ser publicados.

El silencio que siguió al Holocausto respecto a la homosexualidad fue devastador, tanto a nivel social como de la academia. Ahora, a estos tres testimonios, se suma el de Leo Classen. Al haber sido escritos entre 1954 y 1955, suponen el testimonio más antiguo de los cuatro. El volumen incluye en total siete textos: los seis publicados en la revista homófila Humanitas y uno que nos facilitó el archivo del campo de concentración de Sachsenhausen, donde estuvo recluido, al menos, desde 1942 hasta 1945. En ellos relata su llegada al campo de Sachsenhausen, su paso por la compañía penitenciaria, las "acciones rosas" de las SS, y las torturas a las que eran sometidos los presos con el triángulo rosa (distintivo reservado para los hombres homosexuales).

Además de la traducción, el libro viene precedido de una introducción en la que se hace un detallado recorrido por la situación del colectivo a principios del siglo XX y el cambio que sufrió por la llegada al poder del partido nazi. Durante estos años, se estima que entre 5.000 y 1.000.000 de hombres homosexuales fueron torturados o encarcelados, bien en comisarías o en campos de concentración. El destino de la mayoría de estos presos incluía la castración, la esterilización, la tortura, los experimentos médicos o servir en la guerra antes de ser asesinados e incinerados.

La esterilización y la castración se llegaron a aplicar incluso a los homosexuales que no acababan en un campo de concentración debido a la idea de que su condición no podía reconducirse y la única solución posible era castrarlos o esterilizarlos. Este proceso se cobró no menos de 400.000 víctimas homosexuales.

La publicación de este libro coincide con el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto que se conmemora este 27 de enero. Con este trabajo, la editorial Egales pretende dar un paso más en la reconstrucción de la Memoria Histórica de un colectivo que fue tan perseguido como judios o gitanos, pero de los que apenas se han recopilado datos y cifras. Esperamos, tanto yo como la editorial, que este título sirva para arrojar más luz sobre el destino de los triángulos rosas durante y tras el Holocausto. Deseamos que sirva para no olvidar jamás nuestra historia y luchar con todos los medios para evitar que se repita.

A continuación, y en exclusiva para Uppers

"Hay experiencias que destrozan el cuerpo y el alma hasta tal punto que los sismógrafos de los sentimientos recitan sus datos y sin resistencia ni clemencia revelan a los hombres su horrible destino y los aplastan. La completa disolución y degradación de la personalidad era el objetivo de cada proyecto que aquí narraré. En junio de 1942 tuvo lugar de nuevo una acción especial en el campo de concentración de Sachsenhausen que entregó un centenar de personas a un verdugo que había hecho de la muerte su razón de ser. Esta vez se trataba de conseguir la solución final al 'problema homosexual' reuniendo a estos parias en un comando de exterminio y torturándolos lentamente con una crueldad sádica e inconcebible, con hambre y trabajo duro, hasta la muerte.

La tarde del 20 de junio de 1942 se hizo un repentino llamamiento:

—Todos los prisioneros con el triángulo rosa deben reunirse inmediatamente.

Acudimos a la desierta y amplia plaza y esperamos a lo que tuviera que venir. Reinaba el silencio y una cálida brisa de verano traía de algún lugar de la región de la libertad (apenas un par de míseras coronas de abeto que se alzaban más allá de los altos muros) un dulce aroma a resina y madera… pero no lo podíamos sentir, porque en ese momento nuestras gargantas ardían y estaban secas por el miedo y el terror. Entonces se abrió la puerta del puesto de guardia de la torre de mando y un oficial de las SS y algunos de sus esbirros se acercaron a nosotros. El kapo de nuestro grupo informó: "¡Trescientos delincuentes sexuales, como ha ordenado!".

Nos registraron por nombre y número en una lista y luego se nos reveló que, por orden del líder de las SS, los de nuestra categoría debían ser aislados en una compañía disciplinaria más dura y que a la mañana siguiente se nos transferiría a la fábrica de ladrillos. ¡La fábrica de ladrillos! Nos estremecimos; aquella fábrica homicida era más que temida y cualquiera que hubiera estado en ese infierno en la Tierra podía celebrar su cumpleaños dos veces al año.