Entre los sueños y la realidad: la aventura emprendedora de dos mujeres a los 50

El 70% de nuevos emprendedores tiene más de 35 años, y los mayores de 55 son los que menos abandonan.
Después de varios años peleando, Yolanda Lobo y Ana Pérez de Arenaza siguen intentando consolidar sus negocios.
Muchos emprendimientos en mayores de 50 son la única salida para escapar del precipicio del desempleo.
En España al emprendimiento le están saliendo canas. En 2023 siete de cada diez emprendedores nuevos tenía más de 35 años, y los emprendedores mayores de 55 años son los que menos abandonan y más consolidan sus iniciativas, según datos del Observatorio del Emprendimiento de España.

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Al llegar a los 50 muchos se atreven a gastar la que pudiera ser la última bala para dedicarse a lo que de verdad les apasiona. Otros simplemente no tienen otra alternativa si han perdido su trabajo, ya que pasados los 50, las posibilidades de reincorporarse al mercado laboral son muy pocas.
Yolanda Lobo y María Pérez de Arenaza decidieron perseguir sus sueños después de los 50. Ambas se han atrevido a empezar una aventura empresarial por primera vez, con poco conocimiento del mundo de los negocios, pero con mucha ilusión y ganas. Unos años después del gran salto les preguntamos cómo les va, y qué están aprendiendo por el camino.
Viajar como medio de vida
María Pérez de Arenaza atiende nuestra llamada desde un todoterreno. Ella y su cliente norteamericana acompañan a Antonio, que se encarga de recuperar las últimas cabras hurdanas creando cortafuegos en las sierras de Extremadura para la prevención de incendios.
Mañana se van a Portugal, donde unos arqueólogos les enseñarán las excavaciones de un lagar romano encontrado en las tierras de un productor de olivas. Ayer estuvieron conociendo el trabajo de María José, la última artesana que entreteje las antaño renombradas gorras de Montehermoso. Así discurre ahora la vida de María, desde que decidió dejar su trabajo de toda la vida y lanzarse a la aventura de montárselo por su cuenta. Tenía entonces 50 años, y lleva tres viviendo su sueño.
"Yo trabajaba en el mundo editorial, me dedicaba a la producción de las sesiones de fotos para revistas de viajes, buscaba localizaciones por el mundo y gestionaba la producción. Era un trabajo entretenido, pero no me llenaba, y a los 50 todavía tenía mucha vida por delante para encontrar mi pasión”, cuenta María.
Estuvo un tiempo brujuleando hasta que se le encendió la luz. A veces la inspiración se presenta cuando menos te lo esperas. “Estaba metida en otro proyecto y durante una entrevista, una bodeguera se quejaba de que exportaba el 90% de su producción al extranjero, y lo que ella quería es que la gente viniera a su tierra, Castilla-La Mancha, porque tenía muchos atractivos que no se conocían. Ya está, me dije, eso es lo que quiero hacer”.
Tesoros de la España rural
Así nació Singular Spain, una agencia que organiza viajes de experiencias en el mundo rural. Su elemento distintivo es que en cada viaje se conocen personas que dan vida al territorio manteniendo actividades tradicionales o inventando nuevas formas de vida, ganaderos, agricultores, artesanos... “Son nuestros embajadores, gente distinta que vive en el mundo rural y merece la pena conocer”, explica María.
Le costó dos años diseñar las rutas y buscar los embajadores, además de dar forma al proyecto empresarial. “Montar una agencia de viajes no es complicado, y en mi caso, tampoco costoso, ya que todo lo hago por internet. Pero yo no tenía ni idea de montar una empresa, si ves el primer plan de negocios que hice te partes de risa, no salió nada de lo planteado. Emprender es muy difícil y nadie te ayuda”.
“Lo peor es que me encontrado con muchos fantasmas en el camino del emprendimiento. Esa gente que te dice, sí, me interesa, vamos a quedar, hablamos, y luego desaparecen… eso me ha sorprendido negativamente”, se lamenta.
La otra cara de la moneda es la satisfacción de que su trabajo sirve para algo. “Lo mejor es intentar conseguir algo que sé firmemente que merece la pena, más allá del negocio, merece la pena llevar gente allí donde no va nadie y poner en valor a las personas que hacen cosas interesantes, con sentido”, explica María.
Ya lleva un tiempo con la empresa y todavía no ha despegado del todo. “En septiembre he cumplido mi tercer año, y ahí estoy. Tengo el producto, con muy buenas rutas, pero me falta dar con la tecla de las ventas. Todavía no me da para vivir. Por ahora solo me da para cubrir gastos. Me doy otro año más, pero no tengo plan b, si no funciona, buscaré trabajo en el sector turístico, porque he aprendido mucho”, reconoce.
Mientras cuaja o no la iniciativa María está viviendo su pasión, ha creado algo nuevo y disfruta con lo que hace. Se lo juega todo a una carta, pero “La vida es riesgo. Al menos no me quedaré con las ganas de haberlo intentado” concluye.

Solo para mujeres
María se tiró a la piscina por vocación, y Yolanda Lobo, por necesidad. “Durante más de 20 años yo tenía, junto a una socia, un local cultural en Oviedo que se llamaba La Santa Sede. Fue un sitio de referencia en la ciudad con encuentros, culturales, conciertos, exposiciones, etcétera. Luego vino la crisis, el ocio cambió, y el negocio no daba para más, así es que tuve que cambiar”. Después de montar una tienda on line que no funcionó y pensando qué rumbo dar a su vida, Yolanda decidió hacerse influencer a los 55.
“Yo pensé en una influencer de cincuenta, y me salió el nombre de Cincuénter. Lo puse en redes y tuve mucho éxito. No por mí, sino por el nombre. La gente se sentía identificada porque el término no tenía ningún sentido peiorativo y sonaba moderno y fresco. Así se construyó una comunidad, sobre todo de mujeres, que me permitió organizar unos encuentros con apoyo del ayuntamiento que tuvieron repercusión nacional, defendiendo y poniendo en valor a las mujeres que pasamos de los 50. Ahora hemos montado CortoCincuénter, un festival de cortos para realizadoras mayores de 50. Queremos que sea una actividad itinerante, este año en Oviedo y otros años en otras ciudades”.
El gran trabajo que desarrolla Yolanda organizando estas actividades y dinamizando la comunidad todavía no genera ingresos como para ganarse la vida. “Fíjate que tontería. Yo pensaba que, si los influencer ganaban dinero con esto, pues yo también, pero claro, no es tan fácil. Yo no conozco ese modelo de negocio ni subo contenidos todo el rato. Pero sí consigo ingresos. Para CortoCincuénter cuento con varios patrocinadores, pero por ahora no me da para vivir”.
Satisfacción
Mientras encuentra la tecla para poder vivir de lo que le gusta, Yolanda busca el lado positivo: “el esfuerzo merece la pena. Me da mucha satisfacción, si hubiera sido funcionaria viviría más tranquila, y no como los autónomos, que estamos con la espada de Damocles encima toda la vida, pero es mi decisión”.
El camino le está dando algunas alegrías, y eso que se lleva puesto: “lo mejor de esta experiencia es haber dado nombre a una nueva generación de mujeres. La Fundación del Español Urgente de la Real Academia de la lengua ya recoge la palabra como “nuevo nombre de generación”. Eso es para mí una gran satisfacción.”
Pero también hay momento malos: “lo peor de todo esto es depender del criterio patriarcal de algunos responsables políticos o empresariales. Muchos me han dicho si realmente es necesario, y yo les digo que claro que es necesario visibilizar y conectar a las mujeres de más de 50, inspirarlas y generar referentes, ¿cómo no va a hacer falta? No somos enfermas, no somos pasivas, estamos en el mejor momento y hay que derribar los muros, los estereotipos que nos impiden vivir plenamente. Vivimos en una sociedad edadista, y ya si juntamos el edadismo con el machismo no te quiero contar. Somos crueles con personas que están en un lugar donde vamos a llegar todas”, denuncia Yolanda.
En un país donde el 50% de los parados de larga duración son mayores de 45 años el ejemplo de estas mujeres es inspirador, y a falta de una estrategia firme y decidida de las administraciones que aporte formación, apoyo y recursos, el futuro de estas mujeres queda a merced de la tenacidad, el trabajo, la entrega y la fortuna que, a veces, sonríe a los audaces.