El reloj de lujo inspirado en el Porsche 918 Spy: precio y características

Maximilian Büsser (MB&F) no es una de las relojeras suizas de mayor tradición, ya que fue fundada en el 2005, pero ha logrado colocarse como una de las marcas de lujo más importantes por sus diseños atrevidos y la utilización de materiales de alta tecnología.

El vínculo de MB&F con los automóviles viene de lejos; se originó́ en 2012 con la HM5, a la que sucedieron la HMX en 2015 y la HM8 en 2016. Todas estas versiones se reconocen inmediatamente por un elemento en común: la esfera de estilo velocímetro situada en el lateral de la caja que recuerda el diseño audaz y futurista de los años 1970.

Una década después de estrenar sus primeras Machines inspiradas en el automovilismo, MB&F presentaba por todo lo alto la HM8 Mark 2, el modelo tecnológicamente más avanzado hasta la fecha.

El HM8 Mark 2 ha mejorado las características de sus predecesores y las fusiona en una máquina muy diferente. Toma el estilo muy aparente del 'supercoche' de la carrocería externa del Porsche 918; con un tamaño ergonómico y compacto;, a mecánica es visible y la naturaleza muy "cinética", con su rotor de bobinado lateral del dial.

Todo colocado dentro de un modelo aerodinámico de carbono, titanio de grado 5 y cristal de zafiro hipercomplejo; un verdadero 'superdeportivo' para la muñeca. Al igual que sus predecesores, el HM8 Mark 2 está impulsado por una combinación única de ingeniería mecánica y óptica: los discos de hora y minuto del movimiento automático, que se encuentran horizontalmente, se magnifican ópticamente y se proyectan 90 grados en la pantalla vertical gracias a los prismas de alta precisión hechos a mano en cristal de zafiro.

El reloj

La carrocería de la nueva HM8 Mark 2, disponible de color blanco o verde British Racing Green (verde británico de competición), es de CarbonMacrolon® con un acabado mate en la parte superior y muy pulido en los laterales. La versión blanca lleva una masa oscilante con revestimiento CVD verde e índices de los minutos de color verde claro, mientras que en la versión verde británico de competición, limitada a 33 unidades, la masa oscilante y el volante son de oro rojo y los índices de los minutos, de color turquesa.

Desarrollado específicamente para MB&F, el CarbonMacrolon® es un material compuesto de matriz polimérica al que se inyectan nanotubos de carbono para aumentar la resistencia y la rigidez. Los nanotubos de carbono proporcionan una resistencia a la tracción y una rigidez superior a las de un refuerzo de fibra de carbono convencional. El CarbonMacrolon® de MB&F es un material sólido y duro que se puede colorear, pulir, granallar, lacar, satinar, etc.

Además de todas estas ventajas, pesa ocho veces menos que el acero, por lo que es extremadamente versátil y resulta muy interesante desde el punto de vista técnico y de diseño.

Bajo el capó

Como en cualquier 'supercoche' que se precie, la mayor parte de la tecnología detrás de la HM8 Mark 2 pasa desapercibida a simple vista. Un ejemplo concreto es el chasis de titanio, que se somete a una operación de fresado extremadamente compleja. Teniendo en cuenta que, incluso, si se hubiera optado por otro material, como el acero inoxidable, la producción de este elemento habría sido igualmente compleja, no cuesta imaginar hasta qué punto la dureza de esta aleación ha puesto a prueba la destreza de los técnicos de MB&F. Sucede algo similar con las chapas de la carrocería de CarbonMacrolon®, que, al producirse en pequeñas cantidades, solo podían fresarse a partir de un bloque, lo que conllevó una dificultad añadida a la elaboración de la carrocería del reloj.

Un amplio abanico de relojes MB&F ha logrado sobrepasar los límites de lo físicamente posible en términos de mecanizado del cristal de zafiro; la HM8 Mark 2 no iba a ser menos. Ejecutar la doble curvatura del cristal de zafiro conlleva tal complejidad que es entre 30 y 40 veces más costoso que confeccionar una cúpula de zafiro. Y solo había un proveedor dispuesto a asumir el reto. A lo largo de las muchas horas que se tarda en producir cada cristal de zafiro, el riesgo de que se rompa es sumamente alto y, para absoluta desesperación de todo aquel que interviene en el proceso, si tiene que romperse, siempre pasa casi al final. No obstante, una vez que se culmina y fija de manera segura en el reloj, es tan robusto como el cristal de zafiro de cualquier reloj deportivo.

Por último, aunque no por ello menos importante, la masa oscilante en forma de hacha de guerra que da impulso al movimiento es increíblemente compleja de fabricar, ya que una de las cuchillas de oro de 22 quilates tiene un grosor de apenas dos décimas de milímetro. Puesto que mecanizarla sería imposible, es preciso estamparla con un sello que ya incorpora el grabado.